VICENTE FERNÁNDEZ

Opinión: La izquierda no ha aprendido a ganar

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Por Vicente Fernández Fernández  @ADNPolitico
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NOTA DEL EDITOR: Vicente Fernández Fernández es doctor en Derecho por la UNAM y profesor e Investigador en el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México.

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En las elecciones de 1988 ganó Cuauhtémoc Cárdenas. Por lo menos eso es lo que se dijo y se sigue diciendo, porque, como sabemos, el Presidente de entonces resultó ser Carlos Salinas de Gortari, a los 40 años de edad, con el 50.70% de los votos.

Oficialmente, Cárdenas obtuvo el 31.10%, es decir, casi 20% menos que el priista. En ese entonces la caída del sistema fue el anuncio del fraude, por cierto, a cargo de Manuel Bartlett Díaz, quien en 2012 contendió para el Senado por la izquierda y que en la propaganda electoral aparecía junto con Andrés Manuel López Obrador.

Poco después de las elecciones de 1988 vinieron las concertaciones, en donde Cárdenas acabó aceptando la derrota, avalada por el PAN y ordenándose la quema de todas las boletas, no quedando huella de nada. Si Cárdenas verdaderamente ganó, no supo o no quiso hacer valer el triunfo.

Para las elecciones de 1994, después de la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y de la muerte violenta de Luis Donaldo Colosio, siendo ya candidato presidencial por el PRI, Ernesto Zedillo ganó una elección con la política del miedo, con el 48.69% de los votos, el PAN en segundo lugar con el 25.92% y Cuauhtémoc Cárdenas hasta el tercer lugar con apenas el 16.59%, esto es, casi la mitad del porcentaje obtenido en 1988, lo que representó una caída libre de la izquierda.

El año 2000 fue el de la alternancia, pero no con la izquierda. Cárdenas, el líder moral de siempre, se empeñó en ser por tercera ocasión candidato de una coalición del PRD con Convergencia, PT, PAS y PSN y apenas alcanzó el 16.64% de los votos, un tercer lugar muy lejano al 42.52% con que ganó Vicente Fox al frente del PAN. Entonces la pelea fue con el PRI, que por primera vez perdía la Presidencia de la República.

2006 fue el año con las elecciones presidenciales más competidas de la historia política en México. López Obrador logró, primero, impedir que Cárdenas fuera por cuarta ocasión candidato presdidencial y, desde el Gobierno del Distrito Federal, construyó una candidatura muy fuerte al grado de ser el favorito para la Presidencia a pocos meses de la jornada electoral.

Sin embargo, sus errores en campaña (de no querer debatir, pelearse con los empresarios) lo fueron hundiendo poco a poco, hasta quedar en un segundo lugar, apenas a 0.56% del actual presidente Felipe Calderón, ganador por el PAN. Estas elecciones revivieron las denuncias del fraude de 1988 y fueron las primeras que se resolvieron en los Tribunales. Por primera vez, la izquierda alcanzaba un porcentaje superior al 35% de los votos (en 88 tuvo el 31.10%) pero no le alcanzó para lograr la Presidencia. Una vez más estuvo a punto de lograrlo.

2012 muestra un giro en la escena política. El PRI con Enrique Peña Nieto logró ganar la elección presidencial, una vez que nuevamente el Tribunal Electoral es el que tuvo la última palabra, al ser el órgano constitucionalmente competente para validar el proceso electoral y resolver las impugnaciones presentadas.

López Obrador logró su segunda candidatura presidencial, pero nunca estuvo con la posibilidad real de aumentar el porcentaje del año 2000, cuando alcanzó su tope. A partir de entonces, su actitud beligerante le fue quitando adeptos, y si bien recuperó algunos con su propuesta de República Amorosa, era claro que no llegaría a tener los niveles que en sus mejores épocas tuvo. Así, logró el 31.59%, quedando a más de 3 millones de votos del primer lugar.

Como vemos, el PRD no ha sabido ganar en las últimas cinco elecciones presidenciales. En 1988 no supo contrarrestar la maquinaria priista y tampoco supo cómo actuar para defender su supuesto triunfo; antes bien, Cárdenas negoció y aceptó la derrota sin mucho ruido.

En 1994 la izquierda no tuvo nada que hacer, la muerte de Colosio logró que su sucesor en la candidatura ganara sin mucho problema. En 2000 un candidato carismático y con el apoyo de los medios llevó al PAN a la Presidencia y trajo la alternancia, quedando nuevamente el PRD en un muy lejano tercer lugar, dejando claro que Cárdenas jamás recuperaría los niveles que tuvo en 1988 y que por empecinarse en ser presidente, lo único logrado fue estancar a la izquierda.

En 2006 López Obrador no supo ganar. Se sintió ya presidente antes de tiempo y la soberbia, el exceso de confianza lo llevaron al segundo lugar, aún y con la sombra del fraude.

Con todos esos antecedentes, conociendo las reglas del juego electoral y a los enemigos a los que se enfrentaba, el PRD y López Obrador no supieron contender.

López Obrador, a sabiendas de los niveles tan altos de rechazo se erigió nuevamente en candidato. Todos los grupos de izquierda, con la historia de fraudes (según ellos) de 1988 y 2006; con la maquinaria priista de regreso y con un Gobierno Federal a cargo de un presidente vilipendiado por Obrador, no supieron construir una candidatura fuerte ni luchar contra una campaña bien preparada de Peña Nieto. La izquierda sabía contra quién se enfrentaba, sabían las reglas electorales aplicables (de hecho, participó y avaló su diseño) y aun así nunca supo qué hacer para contrarrestar al enemigo.

Después de 5 elecciones presidenciales, con dos candidatos, la izquierda no es que no sepa perder; la izquierda no ha aprendido a ganar.

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