YURI BELTRÁN

Opinión: En defensa de los diputados y senadores 'pluris'

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Por Yuri Beltrán Miranda  @ADNPolitico
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NOTA DEL EDITOR: Yuri Beltrán es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos (FLACSO) y licenciado en Economía (UNAM); cuenta con estudios en Geografía Electoral, Análisis Político Estratégico y Democracia en América Latina. Es especialista en temas de voto extraterritorial.

Ha sido funcionario en el Instituto Federal Electoral y lo es en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Sus artículos reflejan su posición personal y no la postura de institución alguna.


Cuando inicia una Legislatura, con frecuencia surgen voces que piden revisar el tamaño de las Cámaras y los principios que rigen su integración.

Para algunos, el tamaño de las cámaras, 128 Senadores y 500 Diputados, es excesivo.

Considerando que cada uno de los representantes populares requiere de asesores y personal para llevar a cabo su labor, el tamaño del Congreso tiene implicaciones presupuestales.

Esta consideración pudiera tener algún sustento, cuando menos desde el punto de vista comparado. Según muestran datos de la Unión Interparlamentaria, en el mundo sólo hay 8 cámaras bajas con más de 500 diputados y 28 cámaras altas con más de 100 senadores.

Otra objeción que se escucha con frecuencia es la que dice que es inadecuado que existan senadores y diputados electos por el principio de representación proporcional (plurinominales).

Quienes sostienen este argumento consideran que el hecho de que haya senadores y diputados electos a partir de listas partidistas, desvincula a los representantes de los representados, lo que hace débil el mandato e innecesaria la rendición de cuentas.

Difiero. A mi modo de ver, en una democracia como la mexicana, es eficaz que para elegir a legisladores federales coexistan los principios de mayoría relativa y de representación proporcional. Ello fortalece la representación, en el marco de un sistema de partidos que no termina de consolidarse.

De hecho, cuando los Congresos se eligen sólo por mayoría relativa, pueden generarse problemas de representación mayúsculos.

Pensemos el caso, por ejemplo, de las elecciones de julio pasado. El PRI ganó 158 distritos (53% del total) pero sólo obtuvo el 34% de la votación, es decir, estaría fuertemente sobrerrepresentado en el Congreso sino hubiera “pluris”.

Por el contrario, el PAN, habiendo obtenido 27% de la votación, tendría sólo 17% de la Cámara Baja, pues sólo ganó en 52 distritos; el Partido Nueva Alianza no tendría diputado alguno, a pesar de haber obtenido el 4% de la votación total.

Es emblemático el caso de la elección de 1991, donde los cómputos del IFE arrojaron que el PRI ganó 289 distritos (96% del total), habiendo obtenido sólo el 59% de la votación.

Ese es el tipo de distorsiones en la representación que provoca el principio de mayoría relativa.

Toda vez que el diputado representante del distrito es aquel que obtuvo el mayor número de votos en la propia demarcación, aquellos partidos que obtengan votaciones no ganadoras en los distritos corren el riesgo de quedar sin representación en el Congreso.

Quizás ése haya sido el mérito de la fórmula de Jesús Reyes Heroles que introdujo la proporcionalidad, pues al hacerlo, permitió que los partidos no-mayoritarios también tuvieran voz en el Poder Legislativo.

Una vez demostrado que la proporcionalidad es necesaria para que la pluralidad de la vida política tenga expresión en el Congreso, conviene saber si la fórmula de proporcionalidad actual es la adecuada.

Es decir, saber si es aquella que refleja mejor el principio de “one man, one vote”. En otras palabras, son mejores aquellas fórmulas que generan la misma representación en un parlamento para el mismo número de votos.

Un primer candado que introdujo el Constituyente permanente para asegurar que así sea, fue la introducción de la cláusula de sobrerrepresentación. Según ésta, ningún partido puede contar con un número de diputados por ambos principios que exceda en más de 8% a la proporción de la votación nacional emitida que haya obtenido.

Esa cláusula debió ser aplicada al PRI en la elección de julio pasado. Si a esa fuerza política se le hubieran asignado, además de los 158 diputados de mayoría que le corresponden por haber ganado el mismo número de distritos, los 67 que le corresponderían por la asignación de diputados plurinominales, entonces hubiera alcanzado 225 diputados, es decir, 45%.

Sin embargo, únicamente obtuvo 34% de la votación, por lo que estaría sobrerrepresentado en 11 puntos porcentuales.

La aplicación de la cláusula de sobrerrepresentación que realizó el IFE y confirmó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación eliminó el excedente.

En cuanto a los otros partidos, la asignación de diputados plurinominales logró corregir las desviaciones del principio de mayoría relativa. La distorsión fue cercana al 1.5%, lo que la mantiene a niveles muy aceptables.

En la actualidad, 45 países (17%) del mundo eligen a sus diputados bajo este sistema combinado (mayoría y representación), 103 (39%) lo hacen por el principio de mayoría, 81 (30%) lo hacen por el de representación proporcional y 38 países (14%) siguen otras fórmulas, según datos de la Unión Interparlamentaria.

En el centro de la decisión para elegir la fórmula más adecuada se encuentra la madurez del sistema de partidos.

Finalmente, habría que mencionar que muchos de los mejores congresistas que ha habido en México han resultado electos por el principio de representación proporcional.

Algunas fuerzas políticas reservan los primeros lugares de sus listas de candidaturas a aquellos líderes partidistas que –consideran– defenderán con mayor éxito su plataforma política en el Congreso.

 

Y tú, ¿consideras que los legisladores plurinominales deben eliminarse? Te invitamos a participar aquí en el debate.

 

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