FERNANDO RODRÍGUEZ DOVAL

Opinión: Alonso Lujambio, un líder como José Vasconcelos

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Por Fernando Rodríguez Doval  @ferdoval
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NOTA DEL EDITOR: Fernando Rodríguez Doval es diputado federal de la LXII Legislatura por el Partido Acción Nacional. 

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Alonso Lujambio Irazábal fue un hombre extraordinario, multifacético, con un profundo amor por México y con una doble vertiente extremadamente difícil de conjugar: las ideas y la acción.

Lujambio Irazábal fue un politólogo de extraordinaria perspicacia. Licenciado en Ciencias Sociales por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y maestro en Ciencia Política por la Universidad de Yale, pocos como él han estudiado con tanta profundidad y precisión el proceso de transición a la democracia que vivió nuestro país.

Alumno aventajado de Federico Estévez y de Juan Linz, Lujambio estudió la Ciencia Política con rigor y con método, aportando elementos muy valiosos en el desarrollo de esta disciplina en nuestro país.

Fue director de la Licenciatura en Ciencia Política en el ITAM, en donde impartió clases durante varios años a muchas generaciones: ahí lo conocí y tuve el privilegio de ser su alumno; sus cátedras eran espectaculares disertaciones, tanto en la forma como en el fondo.

Alonso fue un estudioso y analista de la transición mexicana a la democracia, pero también fue uno de sus protagonistas. Alonso pasó de la palabra y la idea a la acción fecunda y creadora.

Fue consejero del Instituto Federal Electoral en la mejor época de esta institución, cuando inauguró su autonomía y arbitró las elecciones que dieron paso a la alternancia. Posteriormente fue comisionado presidente del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), otra institución de la nueva democracia mexicana encargada de velar por la transparencia.

En abril de 2009, Alonso Lujambio fue nombrado por el presidente Felipe Calderón como secretario de Educación Pública, y empezó entonces a darle forma al sueño de ser el candidato presidencial del partido al que, aún sin pertenecer formalmente, amaba con todo su ser y del que había sido su más preclaro estudioso.

Se afilió a Acción Nacional y comenzó a recorrer todo el país presentando sus textos sobre el PAN, impartiendo conferencias, apoyando campañas electorales y visitando comités municipales y estatales.

En todos los lugares era bien recibido: enamoraba al panista de a pie que estaba ávido por encontrar un nuevo liderazgo que repitiera aquellas cosas que el partido, poco a poco, había dejado de decir.

Varios de sus amigos veíamos en él a un nuevo Vasconcelos: un hombre culto, íntegro, idealista, que podía cambiar los destinos de México y ser un magnífico presidente de México.

Formamos entonces el grupo "Vamos con Lujambio" y empezamos a armar redes por todo el país. Recuerdo especialmente un evento apoteósico el 21 de julio de 2011 en la Ciudad de México, donde ante miles de panistas entregados completamente a él, Lujambio recordó y defendió la tradición democrática y cívica de nuestro partido.

Finalmente el proyecto no prosperó, pero dejó claro que un nuevo líder político emergía con fuerza en el PAN y en México.

Poco tiempo después, a finales de 2011, se le diagnosticó un cáncer muy agresivo que le obligó a dejar la SEP e irse durante casi ocho meses a Estados Unidos para tratarse.

En ese tiempo, el partido lo colocó en la lista de candidatos plurinominales al Senado de la República, regresando a México el 29 de agosto para rendir protesta en dicha responsabilidad, a pesar de que su estado de salud ya era muy delicado.

En sus últimas semanas entre nosotros, Alonso nos dio muestras de coraje y amor por la vida participando en varios eventos y actividades legislativas.

Su recuerdo será, sin duda, un acicate y un estímulo para construir un país más democrático en donde se puedan procesar las diferencias con civilidad y diálogo, y haciendo uso de esa herramienta con la que se construye el bien común: la política.

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