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Adolfo Orive: Por qué voté contra la 'democracia sindical'

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Por Adolfo Orive  @Adolfo_OriveB
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NOTA DEL EDITOR: Adolfo Orive Bellinger es diputado federal de la LXII Legislatura por el Partido del Trabajo.


Junto con la inseguridad, el más grave de los problemas que se padecen en México es el del estancamiento económico de varias décadas, el desempleo, el subempleo y el crecimiento vertiginoso de la economía informal; todo lo cual ha generado un abatimiento del ingreso de millones de mexicanos; no sólo de trabajadores, sino también de micro y pequeños empresarios.

Para resolver este problema, Felipe Calderón envió al Congreso de la Unión la llamada iniciativa preferente sobre reforma laboral. Su característica de iniciativa preferente significó que en la Cámara de Diputados la teníamos que dictaminar en 30 días y luego la Cámara de Senadores en otros 30 días.

Ante este situación, el Frente Legislativo de Izquierda –formado por el PRD, PT y Movimiento Ciudadano– decidimos: en primer lugar, tratar de impedir que pasara la iniciativa por las razones que más adelante explicaré; y, en segundo lugar, hacerle las reformas que evitaran perjudicar, lo más posible, a los trabajadores; asegurando, de esa manera, el respeto a sus derechos consagrados en la Constitución y en las leyes.

Las razones por las cuales nos oponíamos a la reforma laboral enviada por Felipe Calderón eran tanto sustantivas como procedimentales. Desde el punto de vista de la economía, la iniciativa de reforma laboral de Calderón hubiera generado a mediano plazo exactamente los resultados contrarios a los que pretendía.

Basar la competitividad en el abaratamiento de los costos salariales hubiera reducido el poder adquisitivo del mercado interno; lo cual habría quebrado a las micro y pequeñas empresas que lo abastecen; generando más estancamiento económico, desempleo, subempleo y economía informal.

Desde el punto de vista procedimental, el artículo transitorio 2 del nuevo artículo 71 constitucional, que da pie a las iniciativas preferentes, establece un año para que se legisle sobre los procedimientos para procesar una iniciativa preferente... Y esa legislación aún no se elabora.

Por lo tanto, no teníamos por qué tratar a la iniciativa de Calderón como preferente. Se nos impuso –por mayoría del PRI y del PAN– el que la recibiéramos como tal y, sin embargo, afortunadamente la realidad le ganó la batalla al autoritarismo y la iniciativa de Calderón dejará de ser preferente y se tratará en el Congreso como una iniciativa ordinaria más; lo cual significa una gran victoria para los trabajadores y, por lo tanto, para el Frente Legislativo de Izquierda.

El contenido de la iniciativa de reforma laboral se dividía en dos partes: lo importante para los empresarios y Felipe Calderón consistía en los artículos que legalizaban lo que ahora es ilegal, consistente en las nuevas modalidades de contratación, como la subcontratación (outsourcing), la contratación a prueba, la contratación para capacitación y la contratación por tiempo (por hora).

Y, una segunda parte, que realmente era la cortina de humo que se convertiría en la nota de los medios de comunicación: la supuesta democracia sindical vía el voto secreto y la transparencia del manejo de las cuotas sindicales.

Sobre los artículos importantes, la diputada Luisa Alcalde de Movimiento Ciudadano y el que esto escribe del Partido del Trabajo, logramos introducir una serie de candados que reducían lo más que pudimos la sobreexplotación de los trabajadores en las nuevas modalidades de contratación.

Respecto a la cortina de humo, el suscrito votó en forma diferente a como lo hicieron los demás integrantes del Frente Legislativo de Izquierda en la Comisión del Trabajo y Previsión Social.

Mi voto contra el artículo sobre la supuesta democracia sindical se debió a las siguientes razones: uno, el voto secreto no garantiza la democracia –por ejemplo, desde hace 24 años en que “La Maestra” Elba Esther Gordillo es dirigente del SNTE, las elecciones siempre se han realizado mediante voto secreto–, y no solamente en los sindicatos sino en la elección de cualquier representante popular en cualquier parte del mundo, incluso en Estados Unidos, como lo demuestra la investigadora del Colegio de México, Silvia Gómez Tagle, en su editorial de El Universal del pasado 27 de octubre.

Dos, como sucedió el primero de julio pasado en que hubo compra de votos en favor del PRI, en una situación de pobreza, de desempleo o de subempleo, para nada es difícil que los empresarios –que pretenden ser competitivos con base al abaratamiento de los costos salariales– compren el voto de los trabajadores para constituir sindicatos que sirvan a sus intereses, es decir, que constituyan sindicatos empresariales o blancos.

Tres, un análisis del nivel de ingreso de los trabajadores muestra que los sindicalizados son los menos mal pagados de todos los trabajadores en México.

Y, cuatro, los medios de comunicación y la opinión pública piensa que los únicos sindicatos existentes son el SNTE, el de petroleros y la CTM, sin embargo, hay miles de sindicatos en empresas medianas y hasta grandes, cuyos dirigentes defienden auténticamente a sus representados mediante otras formas democráticas como la asamblea.

Ya que la reforma laboral se convertirá a partir del primero de noviembre en una iniciativa ordinaria, tendremos tiempo los sindicatos de trabajadores, las organizaciones de la sociedad civil, los abogados laboristas y los diputados de las diferentes fracciones parlamentarias para volver a discutir los artículos más importantes e intentar que lo que acabe siendo la nueva Ley Federal del Trabajo, realmente reactive la economía, genere empleo y mejore los ingresos tanto de los trabajadores como de los micro y pequeños empresarios que son la inmensa mayoría de los agentes de la planta productiva nacional.

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