ARTURO ESPINOSA

Opinión: ¿Por qué en México los perdedores acusan 'fraude'?

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Por Arturo Espinosa  @AESUPD
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Arturo Espinosa Silis es Secretario de Estudio y Cuenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

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En los pasados meses se llevaron a cabo elecciones presidenciales en tres países de América: México, Venezuela y Estados Unidos. Tres sistemas electorales diferentes y tres formas distintas de concebir la democracia.

En México fueron cuatro los candidatos a la Presidencia de la República que contendieron, postulados por siete partidos políticos distintos; algunos se coaligaron y otros participaron de manera individual.

El sistema electoral mexicano es uno de los más robustos de América, cuenta con diferentes instituciones que se encargan de regular y garantizar que la contienda electoral se realice en condiciones de legalidad y equidad, todo ello bajo la constante supervisión de los partidos políticos.

El resultado todos lo sabemos: ganó Enrique Peña Nieto por poco más de 3 millones de votos, y de los tres candidatos derrotados, dos reconocieron los resultados el mismo día de la jornada electoral, sólo Andrés Manuel López Obrador adujo que había habido fraude y agotó todas las instancias posibles solicitando la nulidad de la elección.

En Venezuela participaron cinco candidatos. Hugo Chavez se postuló por cuarta ocasión consecutiva y el principal candidato opositor fue Henrique Capriles.

Si bien el sistema electoral de Venezuela cuenta con diversas instituciones electorales encargadas de organizar la elección y reglas claras, lo cierto es que el control y el poder con que cuenta el presidente Chávez sobre todo el aparato de gobierno, así como los medios de comunicación y otros sectores, hace muy complicado que exista una verdadera competencia entre partes que no son iguales en la contienda.

Al final de la jornada la autoridad electoral venezolana anunció los resultados preliminares, los cuales favorecieron al presidente Chavez, quien obtuvo 1.5 millones de votos más que el segundo lugar. Capriles ese mismo día reconoció los resultados y admitió su derrota.

Finalmente en Estados Unidos, una elección muy cerrada, el actual presidente Barack Obama, quien buscaba su reelección, y el candidato republicano Mitt Romney, estuvieron en constante pugna, una contienda sumamente competida.

Las reglas en Estados Unidos son muy diferentes a las mexicanas, su sistema electoral no es comparable con el nuestro, el aparato electoral se sustenta en los órganos electorales estatales.

Los resultados de la elección fueron favorables a Obama, superando en el voto popular a Romney por poco más de 3 millones de votos, una vez que la tendencia fue confirmada el candidato republicano habló por teléfono con el triunfador, lo felicitó y posteriormente dio su discurso reconociendo la derrota, toda una tradición en aquel país.

Tres procesos electorales que se llevaron a cabo durante 2012 en países cuyas circunstancias y contextos son muy diferentes. Me llama la atención el reconocimiento de los resultados y la confianza en las instituciones electorales en los tres casos.

Mientras en EU la diferencia de votos entre el candidato triunfador y el perdedor fue similar a la de las elecciones en México, en Venezuela fue menor; sin embargo, en estos dos países los candidatos que no fueron favorecidos reconocieron de inmediato el resultado, manifestando su total confianza en las instituciones.

Como ya sabemos, en México el candidato que obtuvo el segundo lugar no reconoció los resultados dados por las autoridades electorales, tampoco lo hizo con el recuento de votos que se realizó ni con el fallo de la autoridad jurisdiccional.

En los tres casos los sistemas electorales cuentan con diversas instituciones que organizan y garantizan la legalidad del proceso electoral; sin embargo, a pesar de que el sistema electoral mexicano tiene un mayor número de mecanismos tendientes a generar confianza, sólo la autoridad electoral mexicana fue acusada de realizar fraude en los comicios, no obstante que durante todo el proceso los candidatos y partidos tuvieron a su alcance diversas instancias y medios para impugnar cualquier acto de la autoridad electoral, así como los resultados.

Reconozco que es derecho de todo ciudadano acudir a las instancias competentes y agotarlas, ello abona a la legalidad y certeza del proceso, pero comparto lo sostenido por Jesus Orozco en el sentido de que los mecanismos para resolver conflictos electorales no se deben agotar en los medios de impugnación, pues en toda democracia lo deseable es que agotar los medios de impugnación electorales sea un escenario excepcional (Justicia Electoral y Garantismo Jurídico, 2006).

Al estudiar los tres procesos electorales, sus resultados y consecuencias me hago tres preguntas: ¿Cuándo nuestros candidatos y partidos políticos aceptarán los resultados de manera inmediata, sin poner en duda a todo el sistema electoral? ¿Es un problema de instituciones o de personas? ¿Será qué nuestra democracia es joven o que carecemos de demócratas?

Concluyo: aún somos una democracia joven, estamos aprendiendo a caminar y nos falta mucho por recorrer. Hoy contamos con instituciones sólidas y reglas claras que se aplican por igual a todos los contendientes, pero ello no es suficiente. Necesitamos que los actores políticos crean en nuestro sistema electoral, que confíen en las instituciones y actúen como demócratas. Ningún sistema puede sobrevivir si los actores que lo utilizan no creen en él.

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