FERNANDO DWORAK

Opinión: ¿Qué hacer (y qué evitar) al cabildear?

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Por Fernando Dworak  @FernandoDworak
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Fernando Dworak es licenciado en Ciencia Política por el ITAM y maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull, Reino Unido. Ha sido asesor y secretario técnico de la Comisión de Participación Ciudadana de la LVI Legislatura, y director de Estudios Legislativos de la Secretaría de Gobernación; es coautor del libro "El legislador a examen", y consultor político en los sectores público y privado.

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Más allá de recursos, un buen cabildeo es cuestión de estrategia y habilidades personales. Lo anterior significa conocer a la institución hacia la que se buscará ejercer influencia junto con sus tiempos; procesos de toma de decisiones y reglas, tanto escritas como no escritas; los actores relevantes, que hay que decirlo suelen no ser los qué más perfil mediático tienen o quienes muestran más apertura a la interlocución, y contar con la capacidad personal y de carácter para operar.

Al contrario de cómo se podría creer, en este juego no existe la “voluntad política”, sino intereses. De hecho un legislador accederá a apoyar a un grupo de interés cuando perciba que esto le conviene (y no hablamos aquí de recursos económicos, sino perfil mediático o apoyo en su distrito) o la presión es demasiado fuerte para ignorarla sin que le genere costos.

Es decir, hablamos de un intercambio en beneficio de las dos partes, antes que una idea cursi de trabajar por “el bien de la nación” – sea lo que eso signifique.

De hecho el 90% del cabildeo que realizan grupos de base fracasa por desconocimiento del órgano legislativo, de sus actores o simple y llanamente no comprenden de qué trata la política.

Lamentablemente una persona que desea influir en las decisiones públicas está obligada a conocer de qué trata lo público, no al contrario. Sin embargo, siempre queda para quien fracasa la posibilidad de inventar culpables y conspiraciones en lugar de asumir su responsabilidad.

La semana pasada se publicó en ADNPolítico.com que algunos activistas veían poca disposición por parte del Congreso (e incluso muestras de hostilidad por parte de algunos legisladores) por tratar la reglamentación de las candidaturas independientes. Prueba de ello, argumentaron, era la desaparición de la Comisión de Participación Ciudadana. ¿Qué tan cierto es lo anterior si se analiza el problema con detenimiento?

¿ES NECESARIA UNA COMISIÓN DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA?

De acuerdo con los activistas, es necesaria una comisión que dé seguimiento a las reformas aprobadas el año pasado por el Congreso en materia política, concretamente las candidaturas independientes y la iniciativa y consulta ciudadana. Por lo tanto, para ellos significa una señal de mala voluntad su desaparición.

En una entrega anterior se habló que el número óptimo de comisiones debe ser el mismo que secretarías del Ejecutivo: tener más dificulta el proceso de toma de decisiones y menos imposibilita la especialización.

Lamentablemente la tendencia es a tener más comisiones, debido a que la lógica de legisladores que sólo se encuentran por un número limitado de tiempo es repartirse cotos de poder.

La Comisión de Participación Ciudadana se creó con el carácter de especial en 1994, y su objetivo fue impulsar una normatividad de fomento a las organizaciones de la sociedad civil. En 2000 fue constituida como permanente y la ley en la materia se aprobó en 2004. Después de ese momento se convirtió en coto del PT primero y después del PRD, sin que arrojara mayores resultados aparte de coadyuvar en el proceso de negociación de la reforma política.

¿Los legisladores fueron “desconsiderados” con las organizaciones de la sociedad civil involucradas en la reforma política? Tal vez, pero tampoco la forma en que se reparten el pastel muestra mucha “consideración” a los demás intereses. En todo caso el problema es de falta de continuidad en las carreras políticas al no haber reelección, no de buenos modales hacia grupos externos.

¿Se necesita una Comisión de Participación Ciudadana? Si consideramos que la instancia encargada de conducir las consultas y candidaturas independientes, así como verificar las firmas para las iniciativas ciudadanas es el IFE, creer que debería ser permanente implicaría una invasión a las atribuciones de un órgano autónomo.

¿Les serviría una Comisión de Participación Ciudadana para negociar las leyes secundarias que les interesan? Quizás, si lo que buscan es tener una instancia que haga de “policía bueno” frente a la Comisión de Gobernación, pero esto significaría duplicar las negociaciones y el trabajo de acercamiento y convencimiento. Y lo peor: el “policía bueno” no tiene por qué refrendar su palabra o brindar una ayuda real, dado que su trabajo no depende de ello toda vez que se irá a otra parte en 2015 sin que los activistas puedan influir.

En todo caso les conviene mucho más a los activistas que no exista la Comisión de Participación Ciudadana, asumiendo que tengan la capacidad para acercarse y ser interlocutores confiables ante la Comisión de Gobernación.

Además de lo anterior cabe señalar que una comisión ordinaria implica costos en términos de espacios, recursos materiales y de personal – y eso significa gastar más para una instancia que pareciera irrelevante. Con esto los activistas impulsan un desempeño más ineficaz del Congreso y del manejo de sus temas, pensando que están haciendo algo bueno.

Se espera que un ciudadano defienda sus intereses ante los órganos públicos. También es de asumirse que este esfuerzo no es fácil y requiere de conocimiento. Por lo tanto creer que el Congreso debería tener una comisión que se dedique a sus temas corresponde más a una visión patrimonialista de la política. En todo caso a esta postura se le podría llamar “fetichismo parlamentario”.

Por más que nos guste pensar en lo contrario, las “señales de buena voluntad” solamente existen en las películas de Hollywood sobre extraterrestres, asumiendo que los susodichos sean bizarramente tiernos y se les encienda el corazón y un pulgar. El cabildeo requiere otro tipo de estructura mental, y quizás madurez emocional, si aspira a ser eficaz.

¿SE DEBEN TOMAR LAS COSAS DE MANERA PERSONAL?

Una recomendación que hacen una y otra vez los cabilderos es no tomar las cosas de manera personal en política.

Al ser un juego de intereses donde las normas son solamente arreglos coyunturales entre diversos actores con demandas contrapuestas, quien en un momento es un oponente puede ser más adelante un aliado. Por lo tanto uno de los peores errores que se pueden cometer es quemar una relación.

Lamentablemente los activistas entrevistados en la nota a la que nos referimos crearon una narración más cercana del Código da Vinci que del análisis político: un diputado neolenoense de nombre Héctor Gutiérrez de la Garza, en un acto reiterado de desprecio por las causas de la sociedad civil, influyó en su grupo parlamentario (PRI) para desaparecer a la Comisión de Participación Ciudadana. Por ello, y ante la falta de voluntad en la Cámara de Diputados, los activistas amenazaron con ir a hacer su cabildeo al Senado.

Supongamos sin afirmar que en efecto el diputado Gutiérrez de la Garza siente la aversión por las causas ciudadanas, de tal forma que bloqueó unilateralmente la Ley de Participación Ciudadana de Nuevo León, como afirman los activistas. En todo caso el problema es que el legislador no rinde cuentas ante el ciudadano, sino al partido que le dio la diputación federal. Otra vez, el tema es la no reelección inmediata.

¿Pudo Gutiérrez de la Garza influir en el PRI de manera determinante para desaparecer la Comisión de Participación Ciudadana? Quién quita y sí, aunque lo escrito arriba sugiere que para los legisladores era irrelevante cuántas comisiones formar, sino generar un acomodo coyuntural. Pero el problema serio que deja ver este argumento es que los activistas no se acercaron con los grupos parlamentarios cuando se estaba negociando el reparto.

Algo que ignoran los activistas al haber hecho esta declaración es que todo acto tiene repercusiones. La política se basa en la confianza que los actores tengan entre sí para negociar, y esto es algo que se construye con el tiempo. Si una parte no cumple con su palabra o muestra no ser confiable se le aísla.

Supongamos que en efecto los activistas llevasen a cabo un cabildeo exitoso en el Senado, de tal forma que en 2013 o 2014 se aprueba una minuta que es enviada  la Cámara de Diputados. Aunque Gutiérrez de la Garza no forma parte de la Comisión de Gobernación, una revisión superficial a su perfil muestra que es secretario de las comisiones de Infraestructura, Jurisdiccional, Radio y Televisión y Seguridad Pública.

Esto es, tiene ascendencia e influencia tanto en su grupo parlamentario como en el Pleno, la cual podría no usar a favor de los activistas toda vez que la relación fue quemada por éstos de manera unilateral.

Pero bueno, siempre se puede recurrir a grandes narraciones en lugar de pensar estratégicamente.

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Las opiniones de los colaboradores y los usuarios de ADNPolítico.com no representan el punto de vista de este sitio ni el de Grupo Expansión.

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