OPINIÓN

José Merino: Por qué quiero afiliarme al PRD (y él se niega)

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Por José Merino  @PPMerino
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José Merino, catedrático del ITAM, es licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el CIDE, y tiene estudios de doctorado en Ciencia Política por la New York University

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Cuando comento que, junto con mis compañeras y compañeros de Democracia Deliberada, quiero afiliarme al PRD, la respuesta constante es una mirada de extrañeza, seguida de un sonoro “¿por?”.

Para quienes están ya dentro de algún partido les parece exótico querer entrar formalmente a uno dado que, como sabemos, no es un requisito ni necesario ni suficiente para acceder a un puesto de elección popular.

Para quienes no están dentro de algún partido les parece casi una traición, lanzarse voluntariamente a un pantano del que nadie sale sin manchar su plumaje, una forma de dejar automáticamente de ser ciudadano, como categoría pura e intocada.

Ambos bandos comparten el mismo diagnóstico: los partidos no son caminos para promover el cambio político y agendas ciudadanas; son trampolines para acceder al poder político, no a las políticas públicas. Claro, en unos se revela como temerosa desconfianza, y en otros como honesto cinismo.

Si uno echa un ojito al volumen de búsquedas en Google, por cada búsqueda de “partidocracia” hay más de 12 búsquedas de “reelección” (37 si quitamos el acento); por supuesto la mayor parte de las segundas se centran en buscar argumentos contra la reelección: “no reelección”, “sufragio efectivo”, “sufragio”, “sufragio no reelección”.

Los picos de búsqueda del término “reelección” en México coinciden con la existencia de iniciativas para permitir la reelección consecutiva de legisladores.

Curiosamente, el volumen de búsquedas al comparar “partidocracia” con “representacion politica” (sin acentos, porque así buscamos), ambas son bajas y de similar volumen. Sí, pero notoriamente la búsqueda de la segunda inició apenas en 2010 y se ha mantenido desde entonces, mientras que buscar “partidocracia” tiene picos desde 2007 y aparece intermitentemente.

No puedo inferir demasiado de estos datos, pero parecería que buscamos estos tres términos sin relacionarlos, en busca de razones para oponerse a la reelección y, al tiempo, documentar nuestro descontento con la “partidocracia”.

La política no es otra cosa que el conflicto sobre política pública y los mecanismos para resolverlo. Los partidos políticos no son otra cosa que grandes coaliciones de política pública. Cuando nos quejamos de la “partidocracia” pensamos en un sistema en el que el espacio de lo público está dominado exclusivamente por los partidos.

No es un término que me guste justo por eso, es impreciso y erra en las soluciones. El problema no es que los partidos estén demasiado cerca de las decisiones de política pública; el problema es que entre partidos y ciudadanos, en México, no existe vínculo alguno de representación y rendición de cuentas. Un vínculo que en la literatura y en la evidencia se centra en la relación electoral repetida (i.e. reelección) entre ciudadanos y miembros de partidos en puestos de decisión.

Sin representación política, los ciudadanos son excluidos de lo público. Por tanto, si hemos de debilitar la “partidocracia”, debemos fortalecer los nexos de representación entre ciudadanos y partidos: reelección legislativa, candidaturas independientes, mecanismos horizontales de rendición de cuentas (transparencia, fiscalización, monitores, auditorias), listas plurinominales abiertas o en boletas separadas, reducción en los requisitos para formación de nuevos partidos, y el que a nadie gusta, financiamiento privado de campañas políticas (mediado por la autoridad electoral).

Por supuesto, aun cuando en lo individual los miembros de los partidos podrían preferir sinceramente un sistema en el que garanticen su sobrevivencia política con base en la evaluación que sus votantes hagan de su desempeño, su futuro político hoy depende de las dirigencias partidistas y éstas, claro está, se opondrán a cualquier cambio en esa dirección. Es un absurdo: prefieren la garantía de una rebanada constante de un pastel pequeño, que apostarle a un pastel que crezca junto con la participación ciudadana.

La apuesta de quienes formamos Democracia Deliberada es modificar este cálculo mediante la discusión abierta de preferencias de política pública que impliquen la modificación de las reglas, que abran umbrales de futuro, y que reduzcan la brecha entre ciudadanos y partidos.

Por eso, empezamos justo por ahí: nombrando cuáles serán nuestras batallas de política pública; explicitando que creemos que esas batallas deben ser peleadas dentro de los partidos, y que el partido que nos parece más cercano a nuestras preferencias es el PRD, aunque sabemos que se ha convertido mas en una agencia de colocación de candidaturas que un espacio de formulación y revelación de políticas públicas y de incidencia política de ciudadanos.

Así como los ciudadanos no se plantean afiliarse a un partido político como una opción de participación política “aceptable”, los partidos políticos no se plantean que ciudadanos de manera espontánea se acerquen a afiliarse.

El PRD lleva 18 meses sin permitir afiliaciones de ciudadanos, y en las referencias que han hecho Jesús Zambrano y Marcelo Ebrard aparece la apertura del partido a “ciudadanos prominentes” para incidir en la vida interior del partido, obvio, sin necesidad de afiliarse.

Así, la afiliación de ciudadanos es un proceso secundario, sujeto sólo al acarreo de las corrientes dentro del partido, para ganar consejeros nacionales y, objetivo último, candidaturas y chambas. Cualquier acercamiento ciudadano que rompa este esquema se enfrenta a una pared.

Los miembros de Democracia Deliberada llevamos casi siete meses intentando afiliarnos como ciudadanos, sin el patrocinio de corriente alguna, y como un proceso espontáneo e individual. Seguimos sin lograrlo.

Este martes 20 de noviembre, tomándole la palabra al propio Jesús Zambrano y acompañados de un notario, iremos a las oficinas del PRD en el DF (Monterrey 40, Colonia Roma) a solicitar nuevamente nuestra afiliación.

Queremos zanjar la distancia entre ciudadanos y partidos, y en particular, queremos colaborar en la construcción de una izquierda partidista que cumpla su papel como espacio de representación y participación de ciudadanas y ciudadanos.

"Éste no es un acercamiento, esto es una invasión".

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