FERNANDO DWORAK

Opinión: ¿Qué esperar (y qué ni imaginar) del gabinete?

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Por Fernando Dworak  @FernandoDworak
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Fernando Dworak es licenciado en Ciencia Política por el ITAM y maestro en Estudios Legislativos por la Universidad de Hull, Reino Unido. Ha sido asesor y secretario técnico de la Comisión de Participación Ciudadana de la LVI Legislatura, y director de Estudios Legislativos de la Secretaría de Gobernación; es coautor del libro "El legislador a examen", y consultor político en los sectores público y privado.

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A lo largo de las últimas semanas ha sido motivo de especulación saber quiénes formarán parte del gabinete de Enrique Peña Nieto. Sin embargo, la mayoría de los comentarios que se han vertido no se basan en una visión realista sobre cómo se conforma en realidad el círculo íntimo de un gobernante. En cambio poco se habla sobre cómo interpretar su composición y qué tan eficaz puede ser para generar gobernabilidad.

Por lo tanto, van unas cuantas reflexiones para saber qué esperar (y qué nunca esperar) del equipo de Peña Nieto.

¿UN GABINETE DE “CUATES” O UNO DE “LOS MEJORES”?

Uno de los más geniales golpes propagandísticos durante las pasadas elecciones fue el anuncio que hizo Andrés Manuel López obrador de quienes integrarían su gabinete.

Al presentar a académicos, intelectuales y exfuncionarios, el planteamiento era impecable: los asuntos públicos los guiarán individuos de probado reconocimiento y experiencia. Esto marcó la agenda de la campaña y le dio al tabasqueño un mayor apoyo del que hubiera tenido solo. Incluso se generó la percepción de que Peña Nieto sólo podía gobernar con “cuates”. Sin embargo, esta propuesta era inaplicable.

Dejemos a un lado críticas válidas como el tipo de políticas que habría de esperar del perfil (y la edad) de quienes integrarían el gabinete, o la ausencia de un programa de gobierno que diera mayor claridad sobre qué esperar realmente.

Incluso podríamos obviar el hecho de que un intelectual o un académico no tienen las cualidades que requiere un funcionario público, o incluso que los primeros tienden a perder el piso cuando llegan a una posición de autoridad. La propuesta era inaplicable porque desafía toda lógica política.

Para explicar esto veamos qué sucede en los regímenes presidencial y parlamentario.

En sistemas parlamentarios (donde el gobierno surge y se sostiene a través de una mayoría legislativa en la cámara baja) los asientos del gabinete se asignan a dos tipos de personas: para quienes han tenido una carrera competitiva al interior de su grupo parlamentario, pues la motivación principal para el legislador es llegar a estos puestos; y para los coordinadores de los grupos que forman parte de la coalición, asignándose ministerios según las capacidades de negociación de cada partido asociado.

Para decirlo de otra forma los espacios en el gabinete son asignados a quienes, por su trabajo político previo, se los han ganado.

¿Importa la especialización técnica? De ninguna forma, y eso se sabe y se acepta: eso más bien corresponde a estructuras sólidas de servicio civil de carrera. Los ministerios son para políticos que se jugaron la carrera para apoyar a quien en ese momento detenta el gobierno.

¿Cuál es el papel de un primer ministro bajo estos supuestos? Tener la habilidad para elegir a los colaboradores idóneos en aquellos puestos donde puede hacerlo.

Y las selecciones reflejan sin lugar a duda las capacidades, limitaciones y estilos personales del gobernante.

¿Invitar a antiguos enemigos al gabinete? Según unos es conveniente en la medida que antes se oponían por obedecer a otros intereses – y ahora sólo podrían estar los suyos, escribió alguna vez un ex gobernante en sus memorias.

¿Sólo amigos o incondicionales? Indeseable, pues tienden a decir sólo lo que uno quiere escuchar, diría otro. En todo caso, el proceso es prueba y error y formará parte de los aciertos y errores que se cometan. La calidad de los colaboradores es un indicador claro de las cualidades del jefe.

En los regímenes presidenciales (donde el ejecutivo y el legislativo se conforman por votaciones separadas y ninguno puede disolver al otro) la lógica no es muy distinta a final de cuentas. Los gabinetes y otros puestos de la burocracia son espacios asignados ya sea para gente leal, personas con quienes se tiene algún compromiso previo o socios de coalición.

¿Debería haber alguna suerte de control? Sí, pero se debe aceptar que será de carácter político, nunca técnico.

Por ejemplo, en Estados Unidos el Senado ratifica los nombramientos del gabinete hasta de funcionarios públicos que se ubican en el cuarto nivel de mando.

¿Es una medida eficaz? Para el primer nivel sí, toda vez que emiten una señal de aceptación o rechazo de los posibles interlocutores con el gobierno. En los niveles inferiores un senador puede usar su capacidad para detener una ratificación como una medida de chantaje para obtener otras prebendas a cambio de su aprobación.

Para cerrar esta parte volvamos a la viabilidad de la propuesta de López Obrador.

¿Hubiera resuelto los retos que enfrenta la nación como tanto anuncia? Quizás no, toda vez que interfieren intereses políticos y estructuras institucionales en el mal desempeño de las instituciones, y la solución va más allá de los atributos personales de quienes podrían ocupar las carteras del gabinete.

Además López Obrador, en su afán por mantener una exitosa estrategia mediática, olvidó algo que sí era importante: el grado de satisfacción (y con ello la lealtad) de sus colaboradores más cercanos, al negárseles el reconocimiento que merecen.

¿CÓMO LEER LAS DESIGNACIONES DE PEÑA NIETO?

Entonces, si un gobernante tiene la libertad para elegir a su gabinete, ¿qué reflejan los nombramientos bajo estos supuestos? Sus márgenes de maniobra, los equilibrios en los diversos grupos que participan en el gobierno y las habilidades políticas del ejecutivo en cuestión.

De acuerdo con lo anterior se puede leer a posteriori la formación, habilidades y limitaciones de los presidentes en temas como la designación que hizo Ernesto Zedillo del panista Antonio Lozano como procurador General de la República, el uso de headhunters por parte de Vicente Fox o el grupo compacto de incondicionales que apoyó a Felipe Calderón.

¿Era importante hacer quinielas o grandes expectativas sobre quiénes integrarán el gabinete de Peña Nieto? Si uno está “en la jugada” y tenía mucho que ganar o perder con uno u otro resultado, definitivamente sí.

Para el resto va a bastar la forma en que se está dando a entender una de las frases de campaña del mexiquense, “Estado eficaz”, tanto en las reformas a la administración pública como en el nombramiento de su primer círculo. Es decir, la apuesta ha sido por centralizar el poder como en los viejos tiempos del PRI y estoy seguro que la selección del gabinete reflejará esa intención.

¿Será una apuesta eficaz, toda vez que el ejecutivo federal ya no cuenta con los controles extraconstitucionales que alguna vez tuvo? Eso lo veremos a lo largo de los próximos años.

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