YURI BELTRÁN

Opinión: El balance electoral del sexenio de Calderón

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Por Yuri Beltrán Miranda  @yuribeltranm
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Yuri Beltrán es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos (FLACSO) y licenciado en Economía (UNAM); cuenta con estudios en Geografía Electoral, Análisis Político Estratégico y Democracia en América Latina. Es especialista en temas de voto extraterritorial.

Ha sido funcionario en el Instituto Federal Electoral y lo es en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. 

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Hace seis años tomó posesión el presidente Felipe Calderón. Lo que debió ser un acto solemne de la mayor importancia para la vida republicana fue opacado por duras críticas.

La oposición y parte de la sociedad civil cuestionaban la equidad imperante en los comicios por los que había sido electo; otro sector de la población defendía el triunfo calderonista, bajo la lógica de que gana quien haya obtenido el mayor número de votos “haiga sido como haiga sido”.

Ese debate no sólo confrontaba a la clase política entre si. A diferencia de otras elecciones polémicas, la sociedad entera estaba polarizada en torno al resultado de la elección. Parecía haber una barrera infranqueable que dividía a los críticos de la elección de quienes no lo eran.

Seis años después, en la toma de posesión del presidente Enrique Peña, el clima es diferente. Otra vez los partidos parecen estar confrontados en torno a las conductas desplegadas por los actores políticos durante el proceso, pero no se percibe el mismo grado de polarización ni división en la sociedad. Los mexicanos aprendimos en pocos años dos de las más difíciles lecciones democráticas:

  • No hay victorias ni derrotas permanentes. Quien hoy es oposición, mañana puede ser gobierno.
  • Las reglas del juego son imperfectas, pero siempre es posible mejorarlas al incorporar los aprendizajes de las elecciones previas.

A decir verdad, llevamos años, quizás décadas, aprendiendo la segunda regla. El rasgo definitorio de la transición democrática mexicana es que en cada sexenio se promovió una reforma electoral que mejoraba el estado de las cosas, que resolvía los problemas detectados en las elecciones previas.

La ciudadanización del Instituto Federal Electoral, la sustitución de los “colegios electorales” por mecanismos jurídicos de calificación de las elecciones, y el diseño de un robusto sistemas de medios de impugnación son sólo algunos de los momentos en que se han resuelto problemas anteriores.

Las siguientes líneas pretenden aportar elementos que permitan hacer un balance de la eficacia del sexenio 2006-2012 para resolver la crisis de legitimidad con que inició el periodo presidencial.

LO POSITIVO 

-El Presidente Calderón y los partidos políticos entendieron que los cuestionamientos a la inequidad en las contiendas afectaban no sólo al ganador, sino a la legitimidad de las elecciones en su conjunto. A pesar del grado de desacuerdo que en esos momentos había entre PAN y PRD, se logró una reforma constitucional de gran consenso: 408 votos a favor en la Cámara de Diputados (Votaron a favor PAN, PRD, PRI, PT e independientes, Nueva Alianza se abstuvo. Convergencia y PVEM votaron en contra).

-La reforma electoral aprobada resolvió un problema fundamental de la elección de 2006: la inequidad. Lo logró por tres vías, limitando la comunicación gubernamental en procesos electorales; restringiendo la propaganda personalizada de funcionarios públicos, y estableciendo un nuevo modelo de comunicación política que prohibió la adquisición de tiempos en radio y TV para la promoción política. El mercado de spots políticos dejó de existir.

-Si bien hubo conflictos entre las televisoras y las instituciones, en razón del nuevo modelo de comunicación, lo cierto es que la población estuvo informada y los promocionales (en tiempos del Estado) se transmitieron oportunamente. En el proceso 2011-2012, se transmitieron 44 millones de mensajes en radio y televisión.

-Una resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación logró que se eliminaran las excepciones que habían disminuido históricamente el desempeño de las cuotas de género en México. Como resultado, los partidos postularon 40% de candidaturas de mujeres (como lo exige la Ley). Los votantes ratificaron la importancia de contar con liderazgos femeninos, pues eligieron un 33.5% de representantes mujeres en el Senado y un 36.8% en la Cámara de Diputados.

-A pesar del desánimo que imperó recién concluida la elección presidencial 2006, las tasas decrecientes de participación se revirtieron. Pocos hubieran imaginado que lograríamos 50 millones de votantes en una elección.

-El voto ciudadano probó a los ciudadanos su efectividad para elegir el rumbo a cualquier nivel de gobierno. De la elección de 2006 a la fecha, 14 entidades federativas cambiaron de partido en la gubernatura, sin que ello implicara convulsión política o social alguna. El cambio de timón es ya parte de la normalidad democrática. Hubo cambios en todo sentido, hacia el PAN, hacia el PRI, hacia el PRD y hacia el PVEM.

-La dinámica de hacer ajustes a la norma electoral para perfeccionarla permeó también a las entidades federativas. En 2011, 13 entidades federativas hicieron cambios a su ley comicial. Este año fueron 18. Ello quiere decir que en 31 entidades, la ley es relativamente reciente.

-La reforma política de abril de 2012, con votos aprobatorios de PRI, PAN, PRD, PVEM y Panal. Ésta reconoce instrumentos de democracia directa que serán útiles para transitar a una democracia sustantiva.

LO NEGATIVO

-La reforma electoral prohibió a los partidos comprar spots, a cambio de dotarles de un amplio volumen de espacios en radio y televisión (gratuitos para ellos, pues se difunden en tiempos del Estado) para la promoción de sus plataformas. Sin embargo, las prerrogativas que reciben los partidos políticos se mantienen altas. Si se aprueba el presupuesto solicitado por el IFE, el próximo año los institutos políticos del país recibirán 3,710.5 millones de pesos.

-Por momentos, la difusión de los debates en la elección presidencial estuvo en riesgo. El conflicto entre televisoras e instituciones escaló en los momentos menos idóneos.

-Sigue sin aprobarse una reforma que reconozca mayores atribuciones a la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, la FEPADE. En tanto ello no ocurra, la persecución de delitos electorales seguirá siendo relativamente ineficiente.

-A nivel federal, en el sexenio 2006-2012 se presentaron 413 iniciativas en materia electoral. La inmensa mayoría permanece en comisiones esperando un dictamen.

-Sigue pendiente reformar algunos preceptos en leyes secundarias, para dar concreción a las disposiciones constitucionales. Es el caso, por ejemplo del derecho réplica, de la promulgación de una eventual Ley reglamentaria del artículo 134 constitucional o, en su caso, de una Ley de Partidos.

LO IMPERDONABLE

-El modelo que regula el voto de los mexicanos residentes en el extranjero es sumamente restrictivo, de manera que sólo ejercen el sufragio decenas de miles de migrantes, no obstante que hay más de doce millones de ciudadanos en edad de votar viviendo fuera del país.

Al conocerse los bajos niveles de participación en la elección del 2006, políticos de todos los partidos manifestaron su voluntad de cambiar el modelo para facilitar el sufragio. No lo hicieron.

Ahora que culminó la elección 2012 con resultados similares, nuevamente se escuchan voces que se comprometen a simplificar el modelo y, de ser posible, posibilitar que quienes viven a del país puedan obtener su Credencial para Votar en el lugar que residen. ¿Será que esta vez sí lo harán?

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Sus artículos reflejan su posición personal y no la postura de institución alguna.

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