LUIS ESTRADA

Opinión: El Pacto por México, sin ideología de por medio

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Por Luis Estrada  @LuisEstrada_
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NOTA DEL EDITOR: Luis Estrada es doctor en Ciencia Política por la Universidad de California en San Diego y director general de SPIN-Taller de Comunicación Política. 

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El Pacto por México, firmado en las primeras horas del nuevo sexenio, legitima el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Independientemente de que se cumplan todas y cada una de las 95 reformas y políticas públicas detalladas en el documento, reunir al presidente con los líderes de los tres partidos políticos con mayor representación en el Congreso de la Unión deja atrás acciones espectaculares de presidentes que buscaban “convencer” a aquellos que no votaron por ellos: ni aprehensiones de líderes ni muestras de fuerza del monopolio de la violencia. El Pacto por México es producto de liderazgo y negociación política.

No obstante, existen diversos factores que facilitan la firma de un documento de las características del Pacto por México, la agenda de gobierno que da a concer el presidente Peña a la opinión pública. La lista de acciones concretas, aceptables para todas las fuerzas políticas y para los medios de comunicación, es posible gracias a la histórica ausencia de ideologías políticas en México. Nadie podría rechazar alguno de los puntos del Pacto por México.

En México no se habla de “izquierda” y “derecha” de la misma forma que en otros países. De hecho, como se ha demostrado en diversos estudios, los mexicanos primero escogen su partido y luego su posicionamiento ideológico, al contrario de lo que ocurre en Alemania, España, Francia o Estados Unidos, por mencionar algunos, lo que no implica que los mexicanos no contemos con posicionamientos ideológicos propios.

A pesar de que los mexicanos contamos con opiniones sobre temas asociados con la “izquierda” o la “derecha” (privatizaciones, matrimonios entre personas del mismo sexo, aborto, eutanasia, pena de muerte, entre otros), los partidos políticos en México, sus candidatos y los gobernantes han carecido, intencionalmente, de posicionamientos claros, lo que ha imposibilitado la adecuada asociación entre ideología y partidismo.

Por tanto, las campañas políticas en México se basan en promesas de cumplimiento de acciones que, a todas luces, son urgentes y que nadie podría rechazar: acabar con la pobreza, crear más empleos, mejorar los niveles educativos. Si es el caso, los partidos políticos mexicanos utilizan, sin distingo ideológico, programas o políticas públicas exitosas de su competencia: el partido político de la “derecha” implementa la política social más extensa en la historia; para acabar con la delincuencia el partido político de la “izquierda” contrata a asesores extranjeros conocidos por su “mano dura”; el partido “ecologista” es el único de “derecha” del mundo: salva a las ballenas pero quiere la pena de muerte.

El Pacto por México contiene acciones concretas que buscarán impulsar el crecimiento económico de México y mejorar el bienestar de los mexicanos, sin ideología de por medio. El gran acierto del Pacto por México fue detectar las áreas de oportunidad que no afecten principios esenciales de los partidos políticos, generando un documento que sirva dos propósitos: de inmediato, sentar a los presidentes de los partidos políticos reconociendo al nuevo gobierno (dejando de lado a quienes no busquen impulsar el crecimiento económico y mejorar el bienestar de los mexicanos); y a mediano y largo plazos, trazar la agenda de gobierno (una base para el Plan Nacional de Desarrollo), validada por la oposición, sin generar debates ideológicos controversiales.

El Pacto por México muestra el pragmatismo y el liderazgo político como herramientas de legitimación. El PRI sabe que su regreso a la Presidencia es una oportunidad que puede capitalizar, si muestra que aprendió la lección y que tiene adecuadamente diagnosticadas las necesidades del país, por un período superior a un sexenio.

Es deber de la oposición panista y perredista, corresponsable en la firma del Pacto por México, dar seguimiento puntual a la implementación y eventual culminación de cada uno de los puntos acordados. Por otra parte, los medios de comunicación y la ciudadanía contamos con un guión a detalle de las acciones de gobierno, lo que nos otorga diversos indicadores para evaluar la gestión que comenzó el pasado 1 de diciembre de 2012.

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