OPINIÓN

Antonio Attolini: En defensa de la intolerancia

Print Comments

Por Antonio Attolini Murra  @AntonioAttolini
   0 Comentarios

Antonio Attolini es estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en el ITAM.

***

El #1DMx es el claro ejemplo de lo que en Sociología se llama una “profecía auto cumplida” (self fulfilling prophecy).

Lo que esto significa es que, ante la amenaza de un daño futuro, todas las acciones realizadas para impedir que aquello de lo que se tiene conocimiento suceda, terminan por ser condiciones de posibilidad para que esto que se intentaba evitar en un primer momento, termine por suceder.

El cerco de seguridad (operativo, vigilancia, vallas de acero de 3 metros de alto) que fue levantado una semana antes en las inmediaciones de San Lázaro, fue hecho como medida precautoria ante la amenaza de violencia por parte de los manifestantes del 1 de diciembre.

Algunos de los manifestantes de ese día sintieron amenazadas sus libertades de expresión y de libre tránsito por el operativo de seguridad tan abrumadoramente exagerado, por lo que su reacción inmediata fue buscar replegar dicho operativo.

Las ligas anarquistas y algunos otros contingentes presentes el 1 de diciembre utilizaron la violencia como medio para alcanzar dicho objetivo. La violencia generada ese día sirve como justificación parcial para el operativo que preveía un escenario similar una semana antes. Parcial porque no se ha reconocido el papel que la existencia misma del desplegado jugó en detonar esa violencia.

¿Cuál es la conclusión obvia y reduccionista de lo sucedido? Todos los manifestantes son violentos, y la autoridad sólo estaba restableciendo la paz y el orden público. Esto es una falacia.

Las consecuencias son, como hemos visto, 58 expedientes mal integrados, sin la debida motivación y fundamentación que, en el peor de los casos, provocó el encarcelamiento de 14 personas por 27 días.

Mi propósito no es hablar sobre esos hechos en particular, sino deshebrar las posibles lecciones por aprender de una situación como ésta en general.

Considero que el círculo de la profecía auto cumplida señalado anteriormente tiene como principio (el shock exógeno, que le dicen) el operativo de seguridad tan exagerado desplegado desde una semana antes, así como la convocatoria hecha sin mayor preparación ni cautela por parte por parte de ciertos grupos y movimientos sociales. Me explico.

•    La insensibilidad política por parte de la autoridad del Gobierno del Distrito Federal y por el Gobierno Federal es patente: la clase política se encierra a sí misma detrás de vallas, policías y armas, por temor a la manifestación pública de ideas que rechazan o van en contra de sus intereses.

•    La insensibilidad política por parte de los grupos y movimientos sociales que convocaron es patente también: ¿cómo es que nadie pudo prever esto?

A lo largo de los últimos meses, ha sido en reiteradas ocasiones que ante actos de violencia y revuelta en manifestaciones políticas, los grupos sociales ajenos a estas maneras sólo se deslindan y marcan una diferencia en el discurso –y en el discurso solamente. Nadie (¿nadie?) sabía lo que iba a pasar una semana antes. Y sin embargo pasó.

Ante esa negligencia por parte de grupos sociales, a continuación explico por qué considero a este círculo como vicioso y por qué, para salir de él, es necesario replantear un nuevo credo militante.

Los grupos y movimientos sociales que apelan por la transformación pacífica y democrática de México y que participaron el 1 de diciembre no sólo están luchando en contra de un grupúsculo político y económico con la sensibilidad social de un palo de escoba, sino también en contra de grupos y organizaciones sociales empecinadas en negar y rechazar toda posibilidad de diálogo e interlocución con las estructuras y actores políticos a los que éstas aspiran cambiar.

Esta forma de hacer política se ha quedado en una lógica de endogamia entre sus simpatizantes, regurgitando una y otra vez los mismos reclamos de siempre (¡No al neoliberalismo! ¡No al imperialismo yanqui!); obstaculiza el camino para que otras organizaciones puedan lograr resultados concretos (a las que llaman colaboracionistas, burguesas, tibias).

Décadas han pasado y las consignas son las mismas y, por supuesto, los resultados también. A México no se le va a cambiar gritando en la calle solamente, sino que debe haber también trabajo basado en la persecución de objetivos concretos:

•    La construcción de una agenda social que genere apoyo entre una población que aún no es simpatizante de la causa, pero que bien podría serlo y así obtener legitimidad (cosa que hoy pocas estructuras formales de gobierno tienen).

•    La construcción de puentes de diálogo para el delineamiento de hojas de ruta con la autoridad, apoyada y respaldada por los grupos sociales que han trabajado y colaborado en la construcción de la agenda social que busca solucionar un problema concreto.

Mi invitación a los grupos y movimientos sociales que apelan por la transformación pacífica y democrática de México (porque es en ellos, los de abajo, en donde está el cambio) es a tomar la alternativa de la intolerancia liberal. La invitación es a adoptar el credo militante: no se puede ser tolerante con el que ya de sí es intolerante.

Aquéllos que invocan una libertad (como en el caso tanto de los grupos que patentemente fueron violentos el 1 de diciembre así como de la autoridad que reaccionó a ellos), no pueden hacerlo para violar otra libertad. En nombre de la libertad de expresión no se pueden violar derechos de vida y propiedad (los actos vandálicos en Bellas Artes); así como para ejercer la autoridad de manera legítima, no se deben violar los derechos humanos y/o el principio de proporcionalidad.

Entonces, lo que se tiene que hacer es, por ejemplo, si se convoca a un acto público de manifestación libre de las ideas (como lo intentó ser el #1Dmx) y hay indicios de que existen grupos que se sabe incurrirán en la contradicción de violar libertades ajenas invocando a libertades propias, es necesario rechazarlos, marginarlos y señalarlos como intolerantes. Si no hay condiciones para llevar a cabo una protesta pacífica, artística y cultural –tal y como se definía en la convocatoria-, entonces la protesta no se lleva a cabo, con la intención de proteger a los participantes.

Si bien ésta es una forma de entre tantas otras de pensar la política, sin lugar a dudas es la alternativa que genera la mayor inclusión y pluralidad entre una sociedad que aspira a ser crítica. Rechazar y marginar al que no respeta las libertades que lo cobijan y protegen en un primer momento es una forma válida de hacer política en una sociedad liberal.

Es momento de optar por una nueva alternativa de organización política. No todas las formas de expresión son igualmente válidas. Esto permitirá definir claramente con qué grupos la sociedad activa y participativa puede y debe aliarse, si lo que se busca es una sociedad más libre, más justa y más próspera.

***

Las opiniones de los colaboradores y los usuarios de ADNPolítico.com no representan el punto de vista de este sitio ni el de Grupo Expansión.

Síguenos en twitter y facebook

Por favor déjanos tu comentario