OPINIÓN

Miguel Carbonell: Los asaltos al patrimonio municipal

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Por Miguel Carbonell  @MiguelCarbonell
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Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su cuenta de Twitter tiene más de 98,000 seguidores. Su sitio web es www.miguelcarbonell.com

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La historia no es nueva. Se repite desde hace años. Nadie puede decir que no lo sabía o que está sorprendido con los resultados. Me refiero a la pésima forma en que han sido administrados la mayor parte de los 2,500 municipios que tiene México.

Los asaltos al patrimonio municipal y los robos impunes por parte de los miembros del cabildo, no han sido algo aislado, sino que se han presentado durante mucho tiempo, a lo largo y ancho del territorio nacional.

En los últimos años las corporaciones municipales han recibido mucho dinero. Miles y miles de millones de pesos sobre cuyo destino no hay ninguna claridad.

Los municipios reclaman más y más dinero de los estados y de la Federación, pero no en todos los casos han transparentado su funcionamiento ni han rendido cuentas con la misma determinación.

El anecdotario de los latrocinios municipales podría llenar cientos de páginas de la historia de México. Desde el caso de un exalcalde de Ecatepec que ganaba más que el Presidente de los Estados Unidos, mientras los habitantes de su municipio no tenían calles pavimentadas ni drenaje; hasta los casos de todos los presidentes municipales que se han construido mansiones en sus pueblos, rodeadas de la más absoluta pobreza.

En Tlaxcala hace unos años el auditor estatal encontró elementos delictivos en la gestión de decenas de presidentes municipales; hizo pública toda la información y el resultado fue… que no pasó nada.

Con frecuencia, luego de haber ocupado una presidencia municipal durante apenas tres años, los alcaldes ya se pueden retirar. Algunos eran taxistas, carniceros o pequeños empresarios. Al terminar su cargo público ya ninguno regresa a lo que hacía antes; ya tienen tanto dinero como para no preocuparse más en trabajar.  Sus robos les aseguraron una vejez dorada y un retiro con seguridad económica. Todos los que pagamos impuestos terminamos alimentando su patrimonio, ilegalmente construido. Es excepcional, verdaderamente inédito, que alguno de sus delitos se castigue. La impunidad ha sido la regla inviolada.

Un caso igualmente grave, e igualmente impune, es el del irresponsable endeudamiento con que muchos presidentes municipales dejan a sus municipios. Se endeudan sin límite pensando que la próxima administración se hará cargo. Hay docenas de casos en México con municipios a punto de quebrar, que tendrán que ser rescatados por el dinero de los ciudadanos, sin que ningún responsable haya sido llamado a cuentas. De nuevo, parece ser que la historia de impunidad se repite.

Ahora bien, la pregunta importante es: ¿si las historias de los asaltos municipales están a la vista de todos y si sabemos lo mal que están las arcas municipales, por qué no se hace nada? O mejor todavía: ¿hasta cuándo los ciudadanos seguiremos dejando que nos roben enfrente de nuestras narices sin hacer nada, sin elevar la voz, sin pedir rendición de cuentas y transparencia, sin exigir mayores controles frente a la capacidad de endeudamiento de los municipios?

Conocemos bien los problemas. Necesitamos actuar con rapidez para encontrar las soluciones.

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