OPINIÓN

Attolini: 'Haiga sido como haiga sido', estamos en la cloaca

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Por Antonio Attolini Murra  @AntonioAttolini
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Antonio Attolini es estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en el ITAM.

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Los resultados de las instituciones de procuración de justica (así, con minúsculas) que deja la administración del ex-presidente Felipe Calderón, son equivalentes a los de países como Pakistán y Guinea Ecuatorial.

Después de 6 años de haber implementando al vapor una política pública para combatir a la delincuencia organizada “sin excepción” basada en la persecución y el espectáculo, el país se encuentra en pleno estado de degradación por más economía “fuerte” que tengamos, por más sistema de salud universal “fuerte” que hayamos alcanzado, o por más “semillitas” que el Gobierno Federal haya sembrado para las generaciones futuras. “Haiga sido, como haiga sido”, el país está en la cloaca.

Y entonces, regresa el PRI a la Presidencia… Con Enrique Peña Nieto, regresa a Los Pinos el partido político con “experiencia probada, pero con nueva actitud”. Regresa al Gobierno Federal, los “constructores de instituciones y los hombres de Estado que guiarán a la República en el camino de los ideales de democracia y justicia social”.

El Presidente de la República nos invita a mover a México (¡imagínate!), porque sí se puede #yasí , todo con una música de fondo espectacular. Esa es la retórica oficialista de hoy.

¿Y cómo no va a encandilar eso? Dejamos de escuchar a un megalómano que, frente a reportes sustentados en evidencia empírica y frente a los reclamos desgarradores de madres de familia, se empecinó en mandar una señal de autismo político y necedad a la sociedad mexicana.  “Es mi estrategia, mi lucha, mía, ¡MÍA! Mi preciosa…” Los informes de gobierno (mejor dicho, los spots publicitarios de la sexenal tragicomedia) estaban todos enfocados en hacer ver al Presidente Calderón como un hombre de Estado, que supera las adversidades y está dedicado a dejarlo todo por los mexicanos. Claro. Sí. Era muy cierto. Dejó todo al irse, acto seguido de entregar la banda presidencial, a la ciudad de Boston con esposa e hijos para empezar su carrera docente en la Universidad de Harvard.

Ante este escenario, el PRI la tiene re-fácil. En serio, re-ga-la-da. El presidente Enrique Peña Nieto sabe que con muy poco puede congraciarse con una población dolida y atropellada. Como nuestra barra de expectativas está muy abajo, cualquier cosa –por pequeña que sea- es buena ante el atolladero de país en el que nos encontramos. Y el Gobierno Federal lo sabe. ¿Cuál es esta acción, sencilla pero contundente, que el Estado mexicano debe lograr conseguir para ganarle la lucha a la opinión pública?

DISMINUIR LA VIOLENCIA

“El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, señaló que la violencia en el país se ha incrementado a tal grado que las ejecuciones son la segunda causa de defunción en México”. 

Este fenómeno fue señalado  extraordinariamente bien por José Merino–como acostumbra en estos temas- en su artículo en ADNpolítico.com "En este sexenio también hay muertos... y muchos". En este país sigue habiendo asesinatos presuntamente vinculados a la delincuencia organizada, y muchos. Por lo tanto, si el Gobierno Federal logra reducir la violencia (porque es sólo una y la que ellos dicen que es) el camino que asegura un gobierno exitoso para el presidente Peña Nieto estará asegurado (o eso creen ellos). Sin embargo, esta sería una victoria únicamente frente a los errores de la administración anterior. Explico.

Sería una victoria precisamente por que resolvería el problema que no pudo lograr Calderón (reducir la violencia). Sin embargo, esto terminará siendo aún más contraproducente para el país. Para poder considerar una política pública en contra de la delincuencia organizada como eficiente y eficaz se debe considerar el siguiente análisis:

La violencia (fetichizada con la tasa de homicidios por cada 100,000 habitantes y que deja fuera la violencia patrimonial, sexual y psicológica, por ejemplo) generada en el país es el peor resultado no deseado (subproducto) de una política pública mal diseñada para resolver un problema aún mayor y que permanece intacto: la delincuencia organizada.

Si se emprendiera una verdadera política para la desarticulación de las organizaciones criminales se trabajaría no sólo en entrenar más policías y desplegar más soldados a las calles, sino que también se impondrían controles patrimoniales (ej. Unidad de Inteligencia Financiera), jurídicos (ej. servicio civil de carrera a jueces), políticos (ej. una fiscalía especializada anticorrupción con plena autonomía) y sociales (ej. programas de prevención social y no sólo de prevención del delito) los cuales han resultado eficaces en todas las  experiencias internacionales en las que se han desarrollado.

Las cifras presentadas por el Secretario de Gobernación Osorio Chong hace unas semanas dan razón a este punto: “El secuestro se incrementó en 83%; el robo con violencia, 65%; la extorsión, 40%; los delitos sexuales, 16%; el robo en carretera, más de 100%; el robo de vehículos asegurados se ha duplicado”. Este tipo de fenómenos parecieran no ser violencia y ser utilizados únicamente para “catastrofizar” la situación de inseguridad en el país. O empezamos a poner esto claro y presionamos para que el gobierno disminuya toda la violencia relacionada a la delincuencia organizada, o nos va a cargar el payaso otro sexenio más.

Reducir los homicidios –y decir que con ello se ha resuelto el problema de la violencia en el país- es una acción que poco compromete a un gobierno (ya que es sobre simplificar el problema estructural al que se enfrenta México), desconoce las otras dimensiones sociales en las que la violencia también existe y termina por beneficiar mucho a los grupos criminales (la tasa de retorno de sus actividades económicas aumentan al no tener que dedicar tiempo, dinero y recursos humanos a combatir a policías y soldados que los entorpecen). El diablo está en los detalles.

Por lo tanto, ningún resultado en contra de la delincuencia organizada puede ser considerado como verdaderamente eficaz si no se reduce la incidencia delictiva en uno o todos los 22 mercados ilícitos a los que se dedica la delincuencia organizada. Lo demás, es choro mareador. Hay que seguir insistiendo en que el gobierno debe actuar con responsabilidad y dejar sus aspiraciones electorales de lado. Si vamos a “mover a México”, que sea en la dirección correcta.

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