ARMANDO RÍOS PITER

Opinión: Los tres tropiezos iniciales de Peña Nieto

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Promedio global

Por Armando Ríos Piter  @riospiterjaguar
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Armando Ríos Piter es senador de la República por el PRD, es licenciado en Economía por el ITAM, licenciado en Derecho por la UNAM y maestro en Seguridad Nacional por la Universidad de Georgetown.

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A seis semanas de iniciado el nuevo Gobierno Federal, resulta muy oportuno contribuir a un debate que de ninguna forma debiera ser superficial o ligero. La pregunta que se hace es: ¿Ha iniciado la nueva administración con el pie derecho o no?

La respuesta a esta inquietud es puntual, “NO”. Para quienes nos ha tocado, en el Senado de la República, revisar la esencia de sus iniciativas y el desempeño de la actuación política en la negociación legislativa, es que, a diferencia de lo que un apabullante conglomerado mediático quisiera promover, el actual gobierno ha tropezado varias veces.

Las acciones realizadas por la nueva administración federal, encabezada por el presidente Enrique Peña Nieto, requieren de un análisis profundo, pues tanto en forma y fondo, han contradicho gravemente la imagen moderna que se intenta promover.

Las posiciones políticas del PRI y su máximo dirigente en varios temas, han dejado muestras claras que el “ADN dinosáurico” sigue presente.

En este sentido, la discusión sobre las reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal en el apartado de la Secretaría de Gobernación; en las iniciativas presentadas para buscar la autonomía del Instituto  Federal de Acceso a la Información (IFAI), y la que presentó para conformar una Comisión Anticorrupción, dejaron ver una falta de compromiso con los mínimos equilibrios que la vida democrática mexicana demanda en pleno siglo XXI.

Aún antes del 1 de diciembre, previo a su toma de protesta, Peña Nieto generó serias preocupaciones al plantear la conformación de una “Super-secretaría” de Gobernación.

La propuesta de sumar las facultades propiamente políticas con las de seguridad pública –incluyendo un presupuesto de 41,000 millones de pesos, y alrededor de 37,000 elementos policíacos hasta entonces adscritos a la SSP– generó críticas sobre la posibilidad de volver al viejo esquema donde la policía y la inteligencia políticas eran utilizados como instrumentos del régimen para combatir a la oposición y a sus disidentes.

Entre los principales señalamientos que se hicieron en contra de esta concentración, está el hecho de que en la mayoría de los países democráticos del orbe, cada vez más la policía y la política se separan y especializan en lugar de acercarse como lo propuso Enrique Peña Nieto.

A final del día, en un contexto de corresponsabilidad constitucional, el Senado aceptó la estructuración propuesta por el PRI. La única condición que se puso fue que se incluyeran controles mínimos democráticos, con el fin de contar con mayores equilibrios entre poderes e impulsar la rendición de cuentas.

La política de seguridad y especialmente el respeto a los derechos humanos son temas que preocupan a amplísimos segmentos de la población. Por esta razón, se solicitó expresamente que la Cámara Alta ratificara a los dos principales funcionarios encargados de la seguridad y que estos asistieran en comparecencias públicas de manera periódica, para evaluar los avances de la política pública en la materia e incluso, proponer juntos correcciones en caso de ser necesarias.

Pese a que es evidente que este tipo de fórmulas ayudan a fortalecer la vida institucional, mediante una mayor cooperación entre poderes, el nuevo gabinete, se mostró reacio a aceptar estos controles. La cerrazón fue tal, que prefirieron dilatar dos semanas enteras la discusión, y echar mano de diversas herramientas de presión política, en lugar de atender una solicitud legítima y básica.

El Senado al final se impuso, por asistirle la razón, pero fue la oposición la que tuvo que enmendarle la plana al presidente Peña Nieto, en un tema en el que se evidenció la pretensión de hacer las cosas en el PRI, a la “antigüita”, en lugar de bajo una lógica moderna y plural. Primer tropiezo. 

El débil compromiso de Enrique Peña Nieto con la transparencia se evidenció, al proponer en su iniciativa para darle autonomía al IFAI, que fuera el propio presidente quien nombrara a los consejeros, en lugar de plantear que fuese otro poder quien definiera a actores “independientes” del Ejecutivo, tal y como ocurre en el IFE y otros organismos autónomos.

Esta situación, aunada a la resistencia de no incluir a los sindicatos como sujetos obligados por la ley –igual que había ocurrido en la Ley Federal del Trabajo– mostraron el tipo de intereses que el PRI pretende seguir protegiendo.

Nuevamente, el Senado le corrigió la propuesta a Enrique Peña Nieto. Se logró la autonomía plena del IFAI, quedaron los sindicatos como sujetos obligados y todo aquel organismo que reciba recursos públicos. Segundo tropiezo.

Un tercer tropiezo, que esperemos no busquen prolongar, fue su iniciativa para crear una Comisión Anticorrupción, supuestamente autónoma. Nuevamente, busca ser él quien nombre a los encargados; sólo impone sanciones administrativas y carece de dientes verdaderos para castigar penalmente a quienes malversen los recursos públicos. En síntesis, una propuesta muy pobre, frente al monstruo de mil cabezas que constituye la corrupción en nuestro país.

Ante estas graves deficiencias, en el Senado, ya hemos inscrito la iniciativa que busca corregir y profundizar verdaderamente en este tema. Combatir la corrupción requiere una institución con verdadera autonomía, que pueda actuar en todos los órdenes de gobierno y frente a todos los poderes; contar con capacidades extraordinarias como iniciar la acción penal e incluso, constituir tribunales especializados en la materia. Es un tema de la mayor trascendencia y que esta firmado en el Pacto por México.

Espero que este primer corte de caja deje claro que la nueva administración dista mucho de haber iniciado con el pie derecho.

Sin embargo, la evidencia de estos tres ejemplos, debe también convocar a entender, que es en la discusión compartida y la suma de aportaciones, entre partidos y poderes públicos, donde se pueden construir propuestas superiores que verdaderamente mejoren al país.

Si entendemos que es un esfuerzo de varios, entonces estaremos formulando la hipótesis correcta para las siguientes evaluaciones.

Lo que interesa que inicie con el pie derecho, no es tal o cual administración, por sí solas, sus visiones son limitadas y a veces incluso regresivas. Lo que interesa es que México, en su conjunto, inicie con el pie derecho. ¡Ahí nuestro compromiso!

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