OPINIÓN

Attolini: impuestos, un problema de opacidad y mucho cinismo

Print Comments

Por Antonio Attolini  @AntonioAttolini
   0 Comentarios

Antonio Attolini es estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en el ITAM.

***

A los ojos del mundo, México es un país en donde la efectiva garantía del pleno goce de todos nuestros derechos humanos es una vacilada, un chiste, un comentario botana en las reuniones de intelectuales, políticos y empresarios (basta ver los reportes hechos por la red de protección de derechos humanos LIBERA).

La maquinaria electoral y burocrática de este país está aceitada con petróleo y sangre. Ni la sociedad quiere saber de los políticos, y los políticos sólo quieren saber de la sociedad cada 3 o 6 años cuando hay elecciones. ¿Por qué? Una posible respuesta nos la ofrece el estado de las finanzas públicas.

NO REPRESENTATION WITHOUT TAXATION

Un informe producido conjuntamente por la OCDE, el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicado el pasado noviembre titulado “Estadísticas del Ingreso en América Latina” revela que en México la recaudación fiscal con relación al Producto Interno Bruto (PIB) es del 18.8% siendo ésta la menor de toda la Organización e incluso menor al promedio de los países de América Latina. Lo que es todavía peor es que, si se excluyen los impuestos al sector petrolero, la proporción baja a sólo el 13.9% del PIB.

Estos datos quieren decir que de todo el PIB (es decir, de toda la riqueza que se genera en México) por cada 100 pesos generados el gobierno únicamente logra captar 14 pesos para la administración pública. Esto revela que el Estado mexicano no ha logrado establecer de manera sólida y generalizada el vínculo más fundamental para un régimen federal: el cobro de impuestos.

Existen entidades federativas de la República en los que la recaudación fiscal es  minúscula, por lo que la administración pública estatal está casi financiada por recursos federales exclusivamente. Por ejemplo en Guerrero y Oaxaca, con 10 impuestos locales, estos estados no superan el 3.5% de sus recursos netos por recaudación. En el otro extremo, el Distrito Federal, con apenas 6 impuestos, recauda el 40% de sus recursos netos. Una posible explicación –de entre tantas que puede haber- para abrir luz sobre el porqué la sociedad capitalina está tan altamente politizada es porque ésta paga impuestos.

La situación no va cambiar de la noche a la mañana. Por esto me refiero a que la apatía o el desinterés de varias sociedades en nuestro país no va a cambiar de repente y de manera inmediata si el Estado mexicano articulara una política rigurosa y estricta de cobre de impuestos.

En Europa, se discute la implementación de la tasa Tobin (el llamado “impuesto Robin Hood”) que se aplica a las transferencias financieras. En México, se discute (o se discutirá, ya verán) la posibilidad de establecer el Impuesto al Valor Agregado (IVA) de manera generalizada a alimentos y medicinas.

No basta con establecer impuestos que reduzcan la evasión fiscal. Hace falta que el efectivo pago y cobro de impuestos se traduzca necesariamente en más y mejores servicios públicos (salud, educación, drenaje, etc). Lo que hoy vemos es que el dinero público es gastado para el exclusivo goce de privados. Si no, pregúntenle al último titular de Pronósticos Deportivos, Jesús Villalobos López, y a sus 46 amigos que fueron el año pasado a ver el Superbowl con boletos VIP.

Pagar impuestos es un medio. El fin de este dinero debería ser la consolidación de una sociedad más libre, más justa y, sobre todo, más próspera. Éste no es un problema de “cultura” mexicana, sino uno de opacidad, desinterés y mucho, pero mucho cinismo.

***

Las opiniones de los colaboradores y los usuarios de ADNPolítico.com no representan el punto de vista de este sitio ni el de Grupo Expansión.

Síguenos en twitter y facebook

Por favor déjanos tu comentario