OPINIÓN

Mario Campos: El silencio de los muertos en los medios

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Por Mario Campos  @MarioCampos
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Mario Campos es periodista y politólogo. Conductor en el IMER y ForoTV.

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Una buena noticia: en México desde el primero de diciembre disminuyó notablemente el número de asesinatos; la mala, sólo en los medios de comunicación.

Las cifras de Medialog –empresa de monitoreo en radio y televisión– son muy claras: en el primer mes y medio del nuevo gobierno cambió la agenda. La cobertura de la violencia perdió lugares en los noticieros y su lugar fue ocupado por el temario del Pacto por México. Tan sólo en la segunda semana de enero, de los 10 temas con más menciones, cinco se referían a las llamadas reformas estructurales: tributaria, energía, educativa, telecomunicaciones y laboral.

Buen panorama para un gobierno que desde el día uno decidió cambiar la narrativa sobre el país que construyó la administración anterior y que planteaba que el principal problema público era la inseguridad y el combate al crimen organizado. En contraste la administración de Peña Nieto ha propuesto un discurso de país exitoso, en construcción, con grandes oportunidades de crecimiento, y es en esa visión la imagen de los muertos y del gobierno sheriff –que tiene como meta la caza de los delincuentes- no tiene cabida.

En esa lógica desapareció la Secretaría de Seguridad Pública –ahora subsecretaría en Gobernación–, se acabó el recuento cotidiano en el discurso presidencial de cuántos capos han caído, ya no hay más presentaciones ante los medios de presuntos delincuentes y es evidente que el aparato de comunicación del gobierno no sale a dar explicaciones cuando en los medios surgen notas sobre hechos violentos en cualquier parte del país.

Ya las encuestas dirán si esto influye en la percepción sobre la inseguridad, si menos notas de asesinatos nos hacen sentir más seguros aunque las muertes sigan ahí y en la misma dimensión como muestra el recuento del diario Reforma, que en diciembre contabilizó 755 asesinatos, 56 más que en el último mes del gobierno de Felipe Calderón. 

Pero más allá de los datos duros, resulta evidente que hay efectos políticos de la nueva estrategia comunicativa: ante la ausencia del Gobierno Federal, los ojos se han puesto sobre los mandatarios locales.

El pico de violencia en el DF implicó reclamos diversos a Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la Ciudad, así como los asesinatos en el Estado de México cayeron en la cancha informativa del gobierno estatal, ya no en el Federal.

Es temprano para entender las consecuencias pero de entrada podríamos suponer que los costos de la inseguridad podrían volver a ser un tema de cada gobernante y no el gran reclamo para el Presidente y su gobierno. ¿Se volverá la violencia un tema electoral local en las catorce entidades que van a las urnas este año o seguirá siendo percibido como un problema del Presidente como ocurría en los años anteriores?

Hasta ahora parece que la política de (in)comunicación del Gobierno Federal le está resultando útil para cambiar la conversación pública, no obstante no está libre de riesgos. Primero, porque el problema de la violencia en México no sólo tiene una dimensión mediática, sino que es real y sigue afectando la vida de millones de mexicanos. Y hasta el momento no está claro en qué consiste la nueva estrategia en el terreno, en las calles, comparada con lo que hacía el gobierno anterior.  

Segundo, porque ante las notas de inseguridad, la comunicación gubernamental es necesaria para saber y sentir que hay alguien al frente. Es inaceptable que cuando se producen 25 muertes en cinco días en la capital del país, no salga el Gobierno Federal –más allá del local- a fijar una postura. Alguien tiene que decir a los ciudadanos qué está pasando, a qué atribuyen el fenómeno y qué estarán haciendo para que eso no vuelva a ocurrir, principios básicos de la comunicación ante una crisis.

Tercero, porque existe el peligro de que la violencia pase de ser cotidiana – y estar todo el tiempo en los medios– a ser invisible, una especie de plaga que ahí está pero de la que nadie habla. Y ese es el peor de los mundos, porque sólo hay algo peor que tener un problema y es pretender que no existe.

El análisis de la agenda pública deja ver que la estrategia comunicativa del nuevo gobierno es buena para su causa. Lo que no está claro es que sea benéfica para los ciudadanos ni para las víctimas de la violencia. Cuidado con caer en el silencio de los muertos.

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