OPINIÓN

Miguel Carbonell: Florence Cassez... ¿En verdad es culpable?

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Por Miguel Carbonell  @MiguelCarbonell
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Miguel Carbonell es investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su cuenta de Twitter tiene más de 99,000 seguidores. Su sitio web es www.miguelcarbonell.com.

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Muchas de las personas que han criticado la decisión de la Primera Sala de la Suprema Corte en el caso de Florence Cassez lo han hecho a partir de la idea de que los ministros dejaron ir a una persona que era culpable de haber participado en tres secuestros.

Más allá de la ira y la frustración legítima que expresan esas opiniones, debemos hacer un esfuerzo de comprensión y análisis de los elementos que se aportaron al expediente judicial, para intentar acercarnos lo más posible a la verdad de lo sucedido.

Si tomamos en consideración los elementos del expediente, veremos enormes contradicciones y vacíos. Héctor de Mauleón lo sintetizó muy bien en el título de su luminoso ensayo sobre el caso: La verdad secuestrada.

Como bien lo sostuvieron los ministros Arturo Zaldívar y Olga Sánchez Cordero, el caso empezó torcido a partir de la detención irregular y del posterior montaje mediático al que se prestaron autoridades, periodistas, medios de comunicación e incluso las víctimas.

De ahí vienen las primeras preguntas, de puro sentido común: ¿cómo es que una víctima que acaba de ser liberada se presta a recrear su liberación ante las cámaras?, ¿cómo es que la madre de un menor de edad decide alargar la cercanía física de su hijo con los captores, pudiendo haber salido corriendo una vez que había llegado la Policía?, ¿cómo es que el otro secuestrado mintió una y otra vez en el curso del juicio?

Ningún periodista (que yo sepa) le ha preguntado a ese tercer testigo, Ezequiel Elizalde, la razón por la que inventó tantas mentiras a lo largo de estos siete años. Unos periodistas lo fueron a entrevistar a Estados Unidos, donde supuestamente fue a estudiar, y ni siquiera sabía llegar físicamente a su centro de estudios. Una vez que se había descubierto su primera mentira dijo que en realidad estudiaba por internet; cuando los periodistas le pidieron que les enseñara la página web del curso, nunca pudo encontrarla. El video correspondiente circula por internet; cualquiera puede verlo en Youtube.

En entrevistas privadas con el que esto escribe, funcionarios de muy alto nivel de la Secretaría de Seguridad Pública federal dijeron tener pruebas adicionales a las que figuraban en el expediente judicial, las cuales –según ellos- demostraban plenamente la responsabilidad de Cassez. Nunca me las quisieron mostrar a pesar que se los pedí en repetidas ocasiones. O son puras habladurías, o bien alguien les dijo que no sacaran todo lo que tenían. ¿Cómo saber la verdad a la luz de todo lo anterior?

Un ejemplo sencillo ilustra bien la debilidad de las pruebas aportadas por las autoridades. Cassez fue condenada por portación de armas, sin embargo en las declaraciones judiciales de los policías que intervinieron en la detención todos coinciden en que no había armas en la cabaña donde supuestamente fueron encontradas. En ninguna de las dos armas que luego “aparecieron” había huellas de Cassez. O sea, no había constancia ni de que se las hubieran encontrado a ella, ni donde ella estaba, ni tampoco de que las hubiera tocado. ¿Con qué base entonces podemos suponer que en efecto tenía esas armas y que no le fueron sembradas por la policía (no habría sido la primera vez que sucede en la historia de nuestro país, por cierto)?

Más dudas: ¿cómo es que las dos víctimas más creíbles (Cristina Ríos y su hijo) no recordaron haber visto a Florence Cassez sino hasta que llamó al programa de televisión de Denisse Maerker para exhibir la falsedad del montaje televisivo?

¿Qué peso tuvo la declaración del encargado del mantenimiento del Rancho Las Chinitas quien ante un juez declaró que en el cuarto donde se mantenía cautivas a las víctimas no había más que cajas de refresco y herramientas? ¿Cómo lo supo? Porque entró en ese cuarto días antes del operativo policial de detención. ¿Le creemos o no al cuidador? Y si no lo creemos a él, ¿porqué sí le vamos a creer a Ezequiel Elizalde? Hay al menos otros dos testimonios que contradicen en todo las circunstancias en las que según las autoridades se llevó a cabo la detención; ninguno de ellos llamó la atención ni fue tomado en cuenta por los jueces que sentenciaron a Cassez.

¿Por qué declararon las víctimas desde el inicio que habían estado secuestradas en una casa de Xochimilco y no en un rancho a las afueras de la Ciudad?, ¿por qué el hijo de Cristina Ríos (que entonces tenía 12 años) identificó desde el principio a “su primo Édgar” como uno de sus captores y nunca fue investigada esa pista?

¿Por qué Ezequiel Elizalde había dicho que Florence Cassez le había aplicado una inyección y luego se probó en el juicio que la supuesta marca del piquete era una mancha en la piel de carácter permanente (una petequia, la llaman los dermatólogos)?

¿Qué valor hay que darle a las constancias de médicos legistas que dicen que tanto Israel Vallarta –el novio de Cassez, detenido junto a ella- como Ezequiel mostraban huellas de haber sido torturados?

Tengo docenas de dudas adicionales. Sobre muchas de ellas y sobre todas las que acabo de apuntar pude conversar con el propio Héctor de Mauleón (que es la persona más informada e imparcial de todas las que pude conocer alrededor del caso), con funcionarios de la extinta AFI que participaron en la lucha antisecuestro durante los sexenios de Fox y Calderón, con el abogado de Florence, con personal de la Embajada de Francia que estaba a cargo de darle seguimiento al caso e incluso con la propia Florence Cassez, así como con varias víctimas de secuestro. Nadie tuvo a mano respuestas convincentes, igual que yo no las tengo en este momento.

Una cosa sí me queda clara: como jurista y como ciudadano, no me parece que tenga fundamento una sentencia condenatoria de 60 años de prisión dictada sobre la base de las pruebas que estaban en el expediente contra Florence Cassez. No he visto hasta el día de hoy (por canales oficiales vinculados con su expediente o por canales extraoficiales a través de alguna filtración, de las que abundan en este tipo de casos) ninguna prueba contundente de la participación de Cassez en los secuestros. Que se queden tranquilos los que pensaban que la Corte liberó a una persona culpable; no hay pruebas judiciales contundentes de que así hubiera sido. Repito: no hay pruebas “judiciales” de ello.

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