YURI BELTRÁN

Opinión: ¿Cuántos partidos políticos caben en México?

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Por Yuri Beltrán Miranda  @yuribeltranm
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Yuri Beltrán es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos (FLACSO) y licenciado en Economía (UNAM); cuenta con estudios en Geografía Electoral, Análisis Político Estratégico y Democracia en América Latina. Es especialista en temas de voto extraterritorial.

Ha sido funcionario en el Instituto Federal Electoral y lo es en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. 

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50 organizaciones notificaron al IFE su intención de constituirse en partidos políticos nacionales. Ello ha provocado duras reacciones, por parte de comunicadores y medios de comunicación. Para algunos, esta cantidad de organizaciones solicitantes representa una carga al erario injustificada. Desde esa perspectiva, esos recursos deben destinarse a otras causas de interés público.

Comparto la idea de que la democracia mexicana es cada vez más cara y, por ende, la necesidad de hacer a sus instituciones y organizaciones más eficientes.

Difiero, sin embargo, de que ese propósito pueda ser usado como obstáculo para que haya nuevos aspirantes a participar en el juego político-electoral.

A continuación señalo algunas razones.

1) No existe razón alguna para suponer que los partidos políticos nacionales que actualmente existen representan las preferencias políticas de todo el electorado, en una sociedad tan amplia y heterogénea como México, es natural suponer que puedan caber visiones, ideologías, puntos de vista y objetivos políticos diversos.

¿Por qué pensar que siete partidos es un número de equilibrio, cuando existen 92 agrupaciones políticas registradas en el país?.

En el mundo se pueden advertir órdenes partidistas a partir de dimensiones socioeconómicas, religiosas, étnico-culturales, de apoyo o rechazo al régimen, de apoyo o rechazo a la política exterior, etc.

Son todas esas valoraciones las que configuran las opciones y preferencias políticas de los individuos y grupos, de manera que la suposición de que se pueden aglutinar en un número pequeño es aventurada.

Cabe recordar que, en México, alrededor de 30 millones de ciudadanos no votaron en la elección pasada. Ello debe llevar necesariamente a una reflexión en cuanto a la afinidad entre esos no-votantes y las opciones partidistas que no consiguieron llamar su atención.

2) Este razonamiento no es exclusivo de México. Curiosamente, la cantidad de partidos en un país depende muy poco de la diversidad política que se pueda encontrar en su sociedad.

Más bien, dicha cantidad tiene que ver con las reglas que determinan el sistema político (presidencial o parlamentario), el sistema electoral (las reglas por las que los partidos pueden tener escaños en el Congreso) y el sistema de partidos (las reglas para la creación, extinción, financiamiento, fiscalización, etc).

Es la combinatoria de éstas, la que lleva al bipartidismo del sistema estadounidense, la existencia de 14 partidos en Brasil o el registro de cinco opciones en Colombia. De manera sucinta, se puede advertir que los sistemas que privilegian la representación proporcional tienden al multipartidismo, mientras que los que privilegian la elección por mayorías tienden al bipartidismo.

3) Vista así, la cantidad de partidos que actualmente existe en México no es tan asombrosa.

De hecho, la legislación mexicana exige un umbral bastante alto a los partidos para conservar su registro: el 2% de la votación emitida. En la elección pasada, las siete fuerzas políticas consiguieron superar ese umbral. Todas obtuvieron más de dos millones de sufragios.

Esto no siempre ha sido así. De hecho, desde 1990 19 partidos han perdido el registro. Cabe recordar aquí a los añejos Partido Demócrata Mexicano (PDM), Partido Popular Socialista (PPS) y Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) o a las distintas expresiones de partidos socialdemócratas que ha habido (Democracia Social, México Posible y Partido Socialdemócrata).

4) Por otra parte, los requisitos que exige la ley para conformar nuevos partidos políticos no son simples.

Se pide realizar 20 asambleas estatales (3,000 afiliados cada una) o 200 asambleas distritales (300 afiliados cada una). Además, para otorgar el registro, el IFE verificará que cuenten con una membresía de cuando menos 219,608 militantes registrados.

De ahí que sea tan común que las organizaciones que buscan alcanzar el registro como partidos políticos no lo alcancen.

5) Pero si la cantidad de partidos políticos no debiera sorprender, mucho menos podría ser preocupante la cantidad de organizaciones que aspiran a obtener el registro. Éstas no reciben prerrogativas partidistas sino hasta que consiguen el registro, en su caso. Es decir, requieren convertirse en partidos. Es importante recordar que esta última decisión no está en manos de la autoridad electoral, sino de los propios ciudadanos, quienes pueden inscribirse en algún partido y con ello darle vigencia en la vida política mexicana, o bien dejarlo sin membresía y, por tanto, impedir que accedan a las prerrogativas que la ley asigna.

Finalmente, debe decirse que la bolsa de recursos ordinarios que el IFE distribuye anualmente entre los partidos políticos no se incrementa cuando aumenta la cantidad de partidos. Se trata de una bolsa fija que se reparte entre los que tienen registro. Es decir, los recursos adicionales con que se financiarían nuevas fuerzas políticas, necesariamente se obtendrían de lo que se quitaría a las otras.

Bienvenidos sean entonces los aspirantes a convertirse en nuevos partidos políticos en México. Lo conseguirán sólo aquellos que tengan un nivel de representatividad probado. De ser el caso, tendremos mayores opciones políticas entre las cuales escoger, pero con la misma inversión pública de recursos.

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El artículo refleja su posición personal y no la postura de institución alguna.

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