OPINIÓN

Leonardo Kourchenko: La educación sin Elba Esther Gordillo

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Por Leonardo Kourchenko  @ADNPolitico
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Leonardo Kourchenko es coautor, junto con José Pedro Landaverde, del libro “El desafío del maestro en el siglo XXI”, y conductor del programa “Educación XXI” en W Radio. Premio Nacional de Periodismo 1997, ha sido vicepresidente de Información Internacional de Noticieros en Televisa, director general del Sistema Informativo ECO y profesor en las universidades Intercontinental, La Salle e Iberoamericana.

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Hace seis meses en un evento educativo en Puebla, me atreví a hacer algunas declaraciones críticas acerca de Elba Esther. Dije que sus días estaban contados y que resultaba impresentable para el próximo gobierno, a la luz de los muy penosos resultados que nuestro país obtiene en PISA cada año. Había sido invitado a una conferencia de capacitación para maestros por parte de la secretaría, cuyos responsables, me cancelaron unos días después de leer mis declaraciones.

A unas cuantas horas de su encarcelamiento y formulación de cargos ante la rejilla de prácticas, más allá de los obligados análisis políticos, nos queda echar una ojeada al sistema educativo.

La reforma promulgada por el Presidente Peña Nieto el lunes pasado, establece ya cambios significativos para el sistema educativo de México. Termina con la herencia, venta y control absoluto de plazas por parte del sindicato; pone fin a las intervenciones del mismo SNTE en temas de planeación, diseño y activación de estrategias pedagógicas; impulsa con firmeza el concurso de puestos y cargos con base en méritos académicos y no debido a preferencias políticas o de lealtad sindical como era el caso. Con todo esto, gana la educación en México.

Gana sin duda, con el retiro de la Maestra del liderazgo sindical, que ejerció más como instrumento político que como defensa gremial. Sin embargo, aparecen como inevitables algunas preguntas cuyas respuestas, esperaremos mucho en obtener:

- ¿Es imposible pensar en un sindicato democrático en este país? ¿Permitir, sin la intervención del gobierno, que los propios maestros rediseñen su organización y desmonten el aparato de caravanas y lealtades, operado por más de tres décadas resulta impensable?

- ¿Cómo se desactiva una cultura gremial y una forma de actuar y pensar? ¿cómo les decimos a los maestros que ya no le tienen que rendir pleitesía, ni obediencia servil a nadie?

Tal vez sea este último el punto más complejo. Cómo haremos todos para convencer a los maestros que sean maestros, que vivan y experimenten la docencia como un ejercicio libre, crítico, formador de la persona, desarrollador de competencias, facilitador del aprendizaje. Lo natural es que, aunque la maestra haya sido retirada, la lógica es que se repitan patrones y esquemas de organización, y uno o varios se disputen ocupar –por otras dos décadas- el poderoso sitio que dejó Elba Esther.

Y todo esto, sigue siendo político. No hemos siquiera abordado el fundamental tema de la calidad educativa. Sin Elba ¿los maestros se vuelven otros de repente? Sin Elba ¿la educación se elevará en calidad y profundidad en automático?

El anuncio y la gradual puesta en marcha de la reforma, es equiparable a la primera piedra de un puente. Pasan muchos meses y algunos años, hasta que las dos orillas son conectadas por el puente.

La educación sin Elba debe replantear temas y objetivos; debe establecer estrategias de contenidos, de capacitación docente, de modelos de vanguardia, de multiplicidad de planes de estudio para necesidades diversas y públicos distintos.

Si el secretario Chuayffet recupera en efecto la rectoría de la educación, eso significa o debe significar mucho más que una medida política. Debe significar una auténtica reforma educativa integral, que lance a este país al siglo XXI, que suprima los viejos sistemas y modelos de memorización conductista, que explote el talento y la capacidad de cientos de miles de docentes que en efecto quieren hacer mejor su trabajo, con mejores herramientas, actualizados y respetados por la sociedad.

Hasta hoy, el beneficio de la duda y la esperanza de millones de educadores, está del lado del gobierno y del presidente. Valioso capital político que esperemos, no sea dilapidado.

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Las opiniones de los colaboradores y los usuarios de ADNPolítico.com no representan el punto de vista de este sitio ni el de Grupo Expansión.

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