INTERNACIONAL

Opinión: Reformas, oportunidad para una alianza México-Cuba

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Por Jaime Porras Ferreyra  @ADNPolitico
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Jaime Porras Ferreyra trabaja en temas de educación internacional. Ha sido profesor universitario, participa en programas de radio y escribe crónicas y reportajes en distintos medios. Es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de las Américas-Puebla y Maestro y Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Montreal.

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Se acercan tiempos interesantes para Cuba. El gobierno de Raúl Castro ha implementado una serie de medidas económicas que podrían provocar cambios importantes en la isla.

A lo largo de 55 años los huracanes, los intentos de asesinar a Fidel, el desembarco de contrarrevolucionarios en suelo cubano y el embargo comercial estadounidense no consiguieron que los revolucionarios abandonaran el poder.

Ni siquiera la caída del imperio amigo (la Unión Soviética) pudo con el régimen, a pesar de los durísimos años del denominado “periodo especial”. Paradójicamente, no es el poder militar ni la filigrana política lo que puede provocar una ola de cambios significativos en el país caribeño, sino el momento económico y las decisiones en dicho ramo a manos del menor de los hermanos Castro Ruz. Y, en este escenario, México puede ocupar un lugar preponderante.

Desde hace 8 años, cuando Fidel decidió alejarse del poder y usar ropa deportiva a sus anchas, Raúl Castro comprendió que la sobrevivencia del régimen pasaba por llevar a cabo una serie de reformas económicas y sociales.

Dichas reformas estaban enfocadas principalmente en la creación de cooperativas privadas, en una leve reducción de la mano estatal en la economía, en la entrega de permisos a cerca de medio millón de cubanos para la operación de pequeñas empresas y en una mayor libertad para sus ciudadanos en aspectos como la política migratoria, el acceso a la telefonía móvil y la compraventa de casas y vehículos.

El problema es que dichos cambios no tuvieron el impacto esperado en cuanto a crecimiento económico se refiere. Es por ello que en marzo de este año, la Asamblea Nacional del Poder Popular votó por un cambio radical en la Ley de Inversión Extranjera, la cual no había sido modificada desde 1995.

El principal objetivo es obtener los más de 2,500 millones de dólares que el régimen necesita para asegurar su continuidad e invertir en nuevos proyectos.

Las dificultades aumentan en la isla y la venta de servicios médicos, las remesas familiares de los nacionales en el exterior, el turismo y la ayuda venezolana no son ya suficientes para asegurar los gastos cubanos, por lo que el país necesita con urgencia una importante inyección de capitales, y la solución puede provenir de parte de los inversores extranjeros.

A excepción de la salud, la educación y el Ejército, Raúl Castro ha dado luz verde para que la inversión pueda tener cabida en sectores como la industria alimentaria, la energía, el turismo, el transporte y la esfera farmacéutica.

La nueva ley, que entró en vigor el pasado 28 de junio, incluye exenciones fiscales y tributarias, y también establece modalidades que van desde la empresa mixta a aquélla de capital totalmente extranjero, aunque los empresarios foráneos no podrán contratar de forma directa a sus empleados locales ni tendrán el derecho de negociar salarios y otras condiciones de trabajo.

En estos deseos de mejora económica, los astros se han alineado para el régimen en cuanto a márgenes de crédito: el Club de París negocia con la isla para reestructurar sus pagos atrasados y así poder conseguir créditos en el futuro, mientras que Rusia ha condonado una gigantesca deuda a La Habana cuyo origen estaba en las ayudas soviéticas.

El 90% de lo debido ha sido anulado y el 10% restante deberá ser cubierto a lo largo de 10 años. Eso sí, Putin es todo menos ingenuo: a cambio de perdonar una suma monumental, ha asegurado contratos preferentes para las compañías rusas en cuanto a la exploración y explotación de hidrocarburos.

En noviembre del año pasado, México también se sumó a esta clemencia económica, condonando el 70% de la deuda cubana –cerca de 480 millones de dólares–, pactando con la isla el pago del 30% restante en un plazo de 10 años y abriendo nuevas líneas de crédito.

Otra buena noticia para Cuba es que el momento político en los Estados Unidos pasa por marcadas simpatías hacia la reducción del embargo. Cabe recordar que Barack Obama triunfó en Florida en las últimas elecciones presidenciales –territorio tradicionalmente republicano–, que diversos congresistas hablan abiertamente de disminuir las sanciones económicas hacia la isla y que incluso una encuesta de reciente aparición señala que la mayoría de los cubanos de Miami –el sector más antirrevolucionario desde hace décadas– considera que es hora de reducir el embargo y pensar en otros escenarios. 

Como lo ha manifestado en sus últimos discursos, Raúl Castro apuesta por cambios graduales. Sus cálculos seguramente le indican que este tipo de reformas le permitirán conservar las riendas del poder, y al mismo tiempo buscar solución a las necesidades económicas.

Diversos países se reparten el dinero fresco de las economías emergentes, y Cuba no desea quedar al margen de este festín. Habrá que seguir de cerca el desenlace de esta historia. Es posible que, con el tiempo, la nación caribeña se vaya transformando en un modelo con amplias libertades económicas, pero que éstas no necesariamente den lugar a mutaciones políticas (como el famoso “compra y cállate” en China).

Las nuevas reformas representan una gran oportunidad para aumentar las relaciones entre México y Cuba. Cabe recordar que, durante décadas, ambas naciones mantuvieron lazos profundos en distintos asuntos. Como se recuerda, el paso del panismo en el poder contaminó gravemente los vínculos bilaterales (¿es necesario repetir el famoso “comes y te vas” y demás fricciones?).

Desde finales de 2013, diversos contactos y gestos entre ambos países han logrado poco a poco normalizar las relaciones, tal y como lo han sido la condonación de la deuda cubana, la gira de Peña Nieto a Cuba –reunión con Fidel incluida– y la visita de 60 empresarios mexicanos hace algunas semanas con miras a invertir en distintos sectores.

México es actualmente el séptimo socio comercial para Cuba y las inversiones mexicanas en la isla superan los 386 millones de dólares. La nueva Ley de Inversión Extranjera representa, por ende, una gran ventana de oportunidades para ambos países. Por una parte, México puede salir beneficiado al encontrar un espacio fructífero de inversión y al reactivar vínculos con Cuba que le reditúen puntos positivos en materia de educación, salud y cultura.

Por otra parte, Cuba podría asegurar la entrada de importantes capitales y, sobre todo, volver a contar con un aliado de importancia en el continente, más allá de las naciones sudamericanas, quienes por culpa de sus problemas internos van dejando de ver al país caribeño como un asunto prioritario.

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